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Tribuna:

Impuestos: subir, ¡pero no ahora!

Hay errores políticos de fondo y errores de oportunidad. Creo que estamos ante uno de éstos, que no contribuirá a hacer más fácil la salida de la crisis. Soy partidario de aumentar algunos impuestos. Lo he dicho y lo he escrito, incluso en estas páginas, hace unos pocos meses. Estoy convencido de que la alegría en la que ha vivido España -y también Cataluña, por descontado- durante la última década precisará ahora un periodo de vuelta a la normalidad. Lo repito una vez más: somos menos ricos de lo que creíamos y, a base de endeudarnos, vivíamos por encima de nuestras posibilidades.

La solución de la crisis, nadie lo discute, pasa por aumentar mucho el gasto público en forma de inversiones que den ocupación y de ayudas que mitiguen situaciones socialmente difíciles. Este incremento de gasto de momento sólo se puede conseguir aumentando la deuda del Estado. ¡Por suerte, Rato y Solbes habían dejado unas cuentas públicas muy sanas y hay margen para aumentar la deuda pública, que está por debajo de la de muchos países de la UE! Estos años de crisis vamos a ir disminuyendo deuda privada (empresas, familias y bancos) y aumentando deuda pública, deuda que luego habrá que ir pagando. Y para ello será necesario aumentar la recaudación, en parte por la recuperación de la economía y en parte incrementando algo la presión fiscal, que está por debajo de la de muchos países de la UE. A medio plazo, los impuestos tienen que subir, y algunos se deben revisar para eliminar discriminaciones injustas en su reparto, generadas en las últimas modificaciones. No nos equivoquemos. Estamos en una perspectiva de incremento de impuestos en los próximos años. Modestamente, pienso que quien dice lo contrario se equivoca o intenta engañar.

Estoy de acuerdo con las políticas sociales del Gobierno, pero ahora es peligroso querer financiarlas subiendo los impuestos

Pero mientras la crisis sigue presente y supone, entre otras cosas, una fuerte reducción del consumo, lo más inmediato es cambiar la tendencia y reactivarlo de forma selectiva y socialmente justa. Estoy plenamente de acuerdo con las políticas sociales que el Gobierno proclama y practica. Pero en este momento es peligroso pretender financiarlas con aumentos de recaudación si éstos pueden agravar, por motivaciones reales de incremento de precio o por motivaciones psicológicas, el consumo de las familias. En resumen, ahora hay que reactivar e ir preparando un aumento de impuestos tan pronto como se haya salido, con una cierta seguridad, de la crisis. Tenemos margen en el endeudamiento para esta política, que además es la que esta misma semana ha recomendado o decidido el G-20.

Las recientes decisiones fiscales del Gobierno español, sin estar lejos de la línea que acabo de dibujar, dan la impresión de estar frontalmente en contra. Creo, como decía al principio del artículo, que sin ser un error de política, son un error de oportunidad. Creo acertada la supresión de la deducción de los 400 euros. Siempre he pensado que fue una medida cuya eficacia no justificó su coste. Pero creo que un aumento de dos puntos (del 16 al 18%) del IVA, para situarlo más cerca de la media de la UE (alrededor del 20%), es una medida razonable, pero prematura, ya que estamos todavía en una coyuntura de recesión.

Creo también acertado aumentar la imposición de las rentas del capital, siempre que sea solamente a partir de unos ciertos niveles, dejando incluso exentas las de los pequeños ahorradores. Pero creo un error y una injusticia seguir poniendo en el mismo saco las rentas del ahorro y las plusvalías de la especulación.

Creo, en resumen, que algunas de estas medidas recientes son inoportunas, por prematuras. Pero el error, a mi entender, se hace mayor al intentar evitar las críticas aplazando su entrada en vigor al 1 de julio de 2010. Si, como es razonable, se desea evitar la subida del IVA antes de que lo peor de la crisis haya pasado, lo acertado sería retrasar la decisión al momento en que esto se haga evidente. ¿Qué necesidad hay de decidir ahora que dentro de nueve meses habrá un aumento de precios, sin saber dónde estaremos en aquel momento? ¿Hasta qué punto esta medida futura, que muchos creerán que ya entra en vigor y permitirá que -de buena o mala fe- se la haga responsable de cualquier aumento de precio, no puede tener efectos psicológicos que dificulten la recuperación?

Pienso que no hay errores de política. Creo que hay errores de oportunidad y aún más errores de comunicación. Por descontado, la oportunidad y la comunicación forman parte de la política.

Joan Majó es ingeniero y ex ministro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de octubre de 2009