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Análisis:ANÁLISIS

Todo a su medida

Era el gran cambio pendiente para Francisco González, un ejecutivo hecho en Bolsa. Parecía tan drástico que incluso daba reparo mencionarlo en los círculos bancarios por las consecuencias que pudiera tener. José Ignacio Goirigolzarri era el jefe de máquinas del BBVA; el que conocía todo el negocio de arriba abajo, hasta los pequeños detalles. Con 30 años de banca a sus espaldas, está considerado uno de los mejores de Europa, que en España sólo se compara con Alfredo Sáenz, vicepresidente y consejero delegado del Santander.

Pero nunca encajó con González, con el que discrepaba porque les separa un mundo en la visión del negocio. En las presentaciones era frecuente que el presidente se explayara con la tecnología y el futuro de Asia mientras Goirigolzarri hablaba de créditos, depósitos... el aburrido negocio bancario de sumar céntimo a céntimo. González dijo en Nueva York, en 2005, que Goirigolzarri sería el futuro presidente, pero ni siquiera le nombró vicepresidente. Cuando González accedió a la presidencia única, en 2001, comentó que no quería perpetuarse. Pero en 2007, cuando se acercaba su jubilación, cambió el límite de edad. Dentro de 19 días cumplirá 65 años y necesitaba una propuesta del consejo -también hecho a su medida- que llegó ayer. El consejo pide la continuidad de González porque es "imprescindible" pero no se propuso nombrar nada a Goirigolzarri. Había rumores en el banco sobre sustitutos, entre los que se citaba a José Barreiro. Ahora, del puente de mando ya sólo el 28% procede del BBVA y el 50% de Argentaria, incluido Ángel Cano, el número dos, considerado un buen ejecutivo de labores internas, pero sin experiencia en el negocio. El BBVA ha perdido un enganche más, quizá el último, con Euskadi, pero todo está ya al gusto de González.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de septiembre de 2009