Menores cada vez más intolerantes

El Ararteko alerta sobre el aumento del rechazo de los escolares a inmigrantes, homosexuales y gitanos - Cuatro de cada cinco chavales usan Internet sin control

La educación de los menores en valores clave como la tolerancia y aceptación de la diferencia sobre el origen, la etnia, la discapacidad y la orientación sexual de las personas se encuentra en peligro. Así lo certifica el informe La transmisión de valores a menores, elaborado por el Ararteko. En este trabajo se analiza el papel de la familia, los amigos y la escuela a la hora de transmitir esas actitudes a los niños y adolescentes y el grado de asunción por parte de éstos. Y la primera conclusión es que la intolerancia juvenil crece.

Según el ararteko, Íñigo Lamarca, quien ayer entregó el informe a la presidenta del Parlamento, Arantza Quiroga, continúan apreciándose "notables muestras de intolerancia en forma de sexismo, racismo, xenofobia u homofobia. Queda, pues, todavía mucho por hacer en la aceptación del otro diferente". Los datos que ilustran esta realidad son que el 30% de los niños de entre 8 y 10 años prefieren que no haya inmigrantes en su clase o que el 43% rechazan la contemplación de dos personas del mismo sexo besándose. A su vez, un 16% considera, además, que los niños con discapacidad deben jugar entre ellos. El rechazo hacia el colectivo gitano también es muy elevado. Los porcentajes empeoran con la edad y son más fuertes entre los niños de 10 a 12 años.

Recomendaciones

- Familias. Ayudar a la alfabetización tecnológica de los padres para que puedan controlar mejor lo que hacen sus hijos con las nuevas tecnologías; favorecer la conciliación de vida laboral y familiar; dar más ocupaciones y responsabilidades a sus hijos en la casa.

- Nuevas tecnologías. Regulación de los contenidos televisivos, el uso de los ciber-cafés por parte de los menores, la venta de videojuegos con contenidos perniciosos y el correcto etiquetado de los productos.

- Escuela. Evitar la guetización de los centros educativos (con un reparto más equilibrado del alumnado con necesidades educativas especiales); mejorar el vínculo entre profesores y familias; reforzar el trabajo de los tutores y revisar la implantación de la asignatura Educación para la Ciudadanía para que cumpla su finalidad

"Bastantes familias no cumplen con su función educadora", advierte Lamarca

El informe se basa en las respuestas ofrecidas por casi 2.000 escolares de una franja de edad entre los 8 y los 16 años a un cuestionario planteado por los técnicos de la oficina del Ararteko. También se ha tenido en cuenta las opiniones y propuestas de varios grupos de discusión, integrados por los propios adolescentes, padres, profesores y otros profesionales de la educación. Si algo revela el informe, además del creciente aumento de la intolerancia juvenil, es el decisivo papel que juega la familia en la transmisión de valores. Y en este punto, los padres no salen muy bien parados. Lamarca les da un tirón de orejas porque resulta "muy preocupante" comprobar que bastantes familias "no cumplen" por diferentes motivos (falta de tiempo, falta de competencias, mal ejemplo) con su función educadora. En algunos casos, incluso alerta de que algunas familias no sólo hacen dejación de su responsabilidad, sino que transmiten "contravalores" y cargan a la escuela con la función de educar.

Para paliar esta situación, el Ararteko recomienda favorecer la conciliación de la vida laboral y familiar y un mayor aprovechamiento del tiempo en familia para dedicarlo a la educación de los hijos. Y aboga por el uso de refuerzos positivos con los menores y erradicar cualquier tipo de violencia por parte de los padres como castigo por un mal comportamiento. El Ararteko apunta así otro de sus motivos de preocupación: el elevado grado de aceptación social de la bofetada como forma de corregir o castigar determinadas conductas. Y es que hasta un 40% de los padres se muestra favorable a la bofetada, lo que no significa, puntualizó Lamarca, que la hayan empleado con sus hijos.

La falta de tiempo de los padres para dedicárselo a sus hijos se traduce en el uso "abusivo" que hacen los menores de las nuevas tecnologías, especialmente de Internet y la consola de videojuegos. Sólo uno de cada cinco niños de 7 u 8 años utiliza Internet siempre en presencia de sus padres y más de la mitad lo hace solos o en compañía de amigos. El control paterno no aumenta según avanza la edad de sus hijos.

El documento también recoge las actitudes de algunos adolescentes ante ETA, que el Ararteko ya incluyó en su informe sobre las víctimas del terrorismo. Al menos un 15% la apoyan, en mayor o menor grado.

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