Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
EL VIRUS DEL SIGLO XXI

CÓMO SOBREVIVIR AL H1N1 ESTE INVIERNO

Vale, el H1N1 está aquí para quedarse. Pero ¿cómo va a afectar a nuestras vidas? La respuesta corta es "como la gripe de todos los inviernos". Aunque no exactamente. El virus sólo se conoce desde hace cinco meses, y eso hace que no se pueda afrontar con la seguridad de otras epidemias de gripe. Claro que eso no quita para que ya se sepa mucho sobre él y su impacto -por lo menos a corto plazo; digamos durante el próximo invierno-.

»Síntomas. Aquí sí puede aplicarse al pie de la letra lo de que será "como la gripe de cada invierno". Fiebre, malestar, dolor de cabeza y muscular... lo de siempre. Con algún matiz. Parece que este virus es, en general, más leve, así que mucha gente lo pasará sin enterarse. Otros se creerán que tienen una gripe más. Y muchos tendrán una gripe normal y la confundirán con la (mal) llamada gripe "nueva" o "A".

»Tratamiento. Visto lo expuesto en el apartado anterior, en el fondo da igual cuál de los virus (se calcula que habrá por lo menos cuatro circulando) nos infecte. La mayoría de las veces los médicos ni se molestarán en hacer un análisis para determinar cuál es. Supone gastar en tiempo y dinero sin consecuencias prácticas: la inmensa mayoría pasará la gripe en casa, con un antitérmico y algo de reposo. El resto, si está grave, recibirá un seguimiento hospitalario, que incluirá antivirales: oseltamivir (comercialmente, Tamiflu) o el otro de la misma familia que no es tan conocido, el relenza (Zanamivir). Como en todas las enfermedades víricas, no se recomienda usar antibióticos.

»Gravedad. De momento, el virus está siendo menos grave que la gripe de cada invierno. En España, oficialmente (datos del Instituto Nacional de Estadística) mueren cada año unas 60 personas directamente por gripe. Pero esta cifra es muy baja. Sólo recoge los casos en que el certificado médico dice expresamente que la persona ha muerto de gripe. Por eso no incluye las entre 3.000 y 8.000 defunciones que están relacionadas con la infección. Aquí entran en juego los famosos grupos de riesgo. Simplificando, lo son todos los enfermos crónicos. En el caso de las personas con patologías respiratorias, el porqué es claro, porque la gripe afecta más a esos órganos. En el resto (de diabéticos a obesos) es una pura prevención: si ya de por sí tienen un peor estado de salud, otra enfermedad añadida nunca puede venir bien. Además, probablemente estén ya medicadas o inmunodeprimidas.

»Embarazadas. Las mujeres en estado no son enfermas, pero su situación no es la habitual. Por un lado, su organismo ha tenido que adaptarse para acoger al embrión que se está desarrollando dentro de ellas. Esto implica desde procesos bioquímicos (hay que evitar el rechazo ante un cuerpo extraño) hasta físicos (al hacer hueco al feto los órganos de la mujer, incluidos los pulmones, se desplazan y contraen). Por eso son más vulnerables ante todas las gripes -también a ésta-. Por otro lado, por cuestiones éticas los tratamientos y las vacunas no se prueban en embarazadas. No es lo mismo que un adulto asuma que puede sufrir un efecto adverso, que pedirle que acepte que éste perjudique a su futuro hijo. Así que, en caso de duda, más vale prevenir. Todo en medicina funciona en función del equilibrio entre riesgos y beneficios. Durante las últimas décadas se ha visto que el riesgo de una gripe fuerte es peor para las embarazadas que el de su vacuna o tratamiento, y por eso se las incluye sistemáticamente en la población que necesita una especial atención.

»Centros escolares. Probablemente sean los lugares que van a estar más vigilados estos meses. Como son un sitio de convivencia intensa, son un lugar donde los contagios son frecuentes. Pero no son los únicos sitios de estas características. Un jardín, un parque, un centro comercial o la propia casa también son lugares por los que pasa mucha gente. Por eso se dice que en caso de epidemia no son menos seguros que otros. Aquí también vale lo que sería apropiado para la gripe -o las paperas, la varicela, el sarampión, las otitis, las bronquitis o las diarreas víricas- de cualquier año: extremar la higiene y evitar el contacto con los enfermos. Pero sin exageraciones. Si no, los niños nunca podrían ir a clase: siempre habrá algún compañero que tenga algo. Hay excepciones, pero no son la gripe. Todos los años hay centros que se cierran unos días si se detecta un brote de meningitis o de salmonela, por ejemplo. Las autoridades sanitarias y educativas ya saben cómo tratarlos. Es lo mismo que va a pasar este invierno.

»Centros de trabajo. Se les puede aplicar casi al pie de la letra lo mismo que a los colegios. Lo mejor si se tiene una enfermedad contagiosa es no ir a trabajar para proteger a los compañeros. Claro que eso muchas veces no se hace (ya se sabe que todos somos imprescindibles). Por eso las empresas deben prever cómo cubrir las bajas. Eso no es nuevo. Pasa cada año.

»Vacunas. España es un país donde la gente no suele poner pegas a vacunarse. La tasa de inmunización ante la gripe común es de las más altas de Europa entre los mayores (la población de riesgo por excelencia, aunque no suceda así con la nueva gripe porque su sistema inmunitario guarda memoria de un virus similar al actual que circuló hace más de 50 años). Todo hace prever que este año los porcentajes de vacunación batirán récords. Todo el mundo quiere inmunizarse. Eso cambia el panorama: ya no se trata de que las autoridades tengan que convencer a la gente para que se ponga la inyección. Estamos ante el caso contrario: al principio por lo menos (hablamos de finales de octubre o primeros de noviembre) faltarán dosis. Por eso se han establecido grupos prioritarios. Dos de ellos ya se han comentado antes: embarazadas y personas con enfermedades crónicas. El tercero es de sentido común. Son los llamados servicios esenciales (personal sanitario, policías, bomberos, miembros de Protección Civil, militares). Ellos son los encargados de cuidar al resto, y por eso conviene que estén sanos. De hecho, estos tres grupos -más los mayores- son los prioritarios ante cualquier epidemia de gripe. Otra vez puede decirse que "la gripe de este año va a ser como la de los demás".

»Prevención. Que no haya vacunas no quiere decir que no se pueda hacer algo para evitar coger y pegar la gripe. No estornudar o toser encima de los demás, usar pañuelos desechables y lavarse las manos después de hacerlo o si se va a tocar algo que otras personas vayan a usar después (desde picaportes al teclado de un ordenador). No podemos evitar respirar aire con virus de los demás, pero sí no dejarlos a su alcance y que luego, cuando el vecino se lleve las manos a la boca, la nariz o se frote los ojos, se infecte. Todo muy obvio. Pero efectivo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de septiembre de 2009