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Análisis:EL ACENTO

Dylan: sin rumbo definido

A Dylan lo detuvieron en agosto caminando bajo la lluvia en un pueblecito de Nueva Jersey, Long Branch. Lo acusaron de "pasear sin rumbo definido" y se lo llevaron a comisaría. Quiso defenderse diciendo que era Bob Dylan, pero el oficial, de 24 años, había visto fotos del cantante y aseguró que aquel vejestorio no se le parecía en nada. Al final terminaron por soltarlo.

El tipo que sacudió América y el resto del mundo en los sesenta diciendo que la respuesta estaba en el viento, ha estado también a punto de formar parte de uno de los artilugios tecnológicos de moda. La voz medio nasal y aniñada (ahora ha incorporado esas raspaduras que van saliendo con los años), que encarnó la furia de los jóvenes contra un mundo hipócrita y convencional, iba a ser la que, en un nuevo GPS, indicara la mejor forma de ir al supermercado, al anticuario o al partido de baloncesto de los niños. "A la izquierda en la siguiente esquina... No, mejor a la derecha... ¿Sabes qué? Sigue recto", dicen que contó en su programa de radio que les sugeriría a los despistados conductores. Luego el asunto se desmintió: un bulo más de los tantos que circulan ahora.

Lo que sí está confirmado, y con fecha de salida (15 de octubre), es el nuevo disco del trovador rebelde. Se llamará Navidades en el corazón y reunirá villancicos. Uno de ellos es El tamborilero. Sí, el que cantaba Raphael. Dylan, de origen judío, tuvo su arrebato de fundamentalismo católico y llegó incluso a compartir escenario con Juan Pablo II, en Bolonia en 1977 (se le pasó luego). El disco, más que con las creencias, tiene que ver con sus ganas de ayudar. Los fondos se destinarán a Feeding America, una organización que trabaja para los más pobres.

En Forever Young, Dylan cantaba que lo suyo era permanecer siempre joven. Sigue en esa inútil batalla contra el tiempo, y quizá por eso no entiende que lo que es jovial desaliño en la juventud puede convertirse para algunos en ir como pordiosero en la vejez. Aunque es cierto que no tenían que haberlo detenido por su aspecto. Es algo que no se sostiene por ninguna parte. Tampoco se sostendría que lo llevaran a la cárcel por cantar villancicos. Pero seguro que algunos, en ese caso, aplaudirían la medida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de septiembre de 2009