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AL CIERRE

'Tourist = Terrorist'

Recientemente visité a un amigo convaleciente en el Hospital de l'Esperança y me sorprendió ver en la parte alta de la calle de Sant Josep de la Muntanya, colgando sobre las máquinas excavadoras que han levantado todo el pavimento, una gran pancarta con la inscripción Tourist=Terrorist.

Una enfermera a la que interrogué me informó de que la pancarta llevaba allí dos años y que su contenido sin duda tenía que ver con la constante afluencia de turistas, algunos de ellos directamente vandálicos, al cercano Parc Güell.

Era una explicación. Sin embargo no me dejaba de sorprender que un término que el siglo XIX había popularizado como sinónimo de libertad acabara asociado a principios del XXI con otro vinculado a la violencia más extrema: el turismo convertido en plaga y los turistas, en depredadores. La primera vez que escuché una acusación de este tipo fue, hace bastantes años, en Florencia. Muchos florentinos se lamentaban de que el turismo les había secuestrado la ciudad de modo que ya era casi imposible frecuentar los cafés y restaurantes de antaño ni pasear con cierta tranquilidad por el centro de la ciudad. Este síndrome del anfitrión ultrajado se ha extendido en los últimos tiempos a muchas ciudades en las que los habitantes han perdido paulatinamente la confianza en los supuestos beneficios de visitas masivas, a menudo percibidas como pillaje de la propia memoria colectiva.

Barcelona se ha abierto a los desmanes del 'lumpenturismo'

Barcelona, pese a toda la propaganda oficial, es de las que se ha llevado la peor parte al abrirse a un lumpenturismo que ha tomado como sede generosa de sus desmanes. ¿Qué diría el espantado florentino, agobiado por las multitudes que visitan Santa Maria di Fiore o los Uffici, ante nuestras soeces muchedumbres, éstas que ocupan las calles alegremente convocadas por la impunidad que seguirá a sus excesos?

Aquí la bebida es barata; el ruido, gratuito; la micción, libre. ¿Hay alguna otra ciudad en la que sea posible confundir tan fácilmente la tolerancia con la estupidez? Algo de razón sí tiene, pues, aquella pancarta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de septiembre de 2009