banda de ancho
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

España, unida contra la SGAE

Es un secreto a voces: en este país ya nadie se atreve a silbar y son pocos los que tararean. Se pueden contar con los dedos de una mano cuantos osan cantar en la ducha. Todos saben cuál es el motivo de esta oleada de pánico: cuatro letras. SGAE (www.sgae.es). Uno puede estar silbando en el tren y oír una voz a sus espaldas, "usted, el que silba". Un tipo de negro y con gafas de sol, libretita y lápiz con la punta bien afilada nos llama la atención. "¿Le he oído bien? Estaba usted silbando a Juanes. Van a ser 50 céntimos". Ya, seguro que a muchos les suena a ciencia-ficción, pero también nos sonaba a ciencia-ficción eso del canon y lo de cobrar por hacer una obra de teatro con los vecinos. Cierto, podemos intentar dedicarnos a grupos pequeños, alejados del torbellino mediático, con la esperanza de que así el señor de negro y sus colegas no nos arrinconarán una noche al volver a casa. "Lleva usted días tatareando a grupos independientes, pero ya le cogeremos. No se preocupe". Sinceramente, ¿alguien cree que -como parecería obvio a primera vista- estos tipos tienen un conocimiento nulo de eso llamado relaciones públicas, un nefasto don de la oportunidad y un notorio -a la par que inexplicable- afán recaudatorio? No. Por supuesto que no. Sólo lo parece.

En realidad el propósito de esa organización, cuyas sufridas puntas de lanza son Ramoncín y Teddy Bautista, es mucho más noble, y por él están dispuestos a soportar con entereza la incomprensión del pueblo llano, al que se le escapa tanta complejidad. El objetivo final de la SGAE, ojo, no es otro que la unión de todos los pueblos de España. Dicho así puede parecer marciano, pero analicemos los hechos. ¿Quién ha ocupado el rol maligno que Hacienda ha estado ostentando en estos últimos años? Efectivamente, la SGAE. ¿Quién ha logrado suscitar unanimidad en su rechazo? Respuesta correcta. La SGAE. ¿Quién ha triunfado donde política, religión, fútbol y hasta José María Aznar fallaron? Una vez más: la SGAE. Estas siglas han unido a España. En el odio, de acuerdo, pero eso es lo de menos.

Naturalmente, todos siguen pensando que a nadie en su sano juicio se le ocurriría en pleno verano irse a recaudar al campo, y encima con Fuenteovejuna-Fuente Obejuna de por medio. La gente lee "SGAE" en cualquier parte y se lanza de cabeza a la noticia, "¿qué habrán hecho estos tíos ahora?", olvidándose de todo lo demás, aparcando sus problemas. Así somos de desagradecidos en este país, cuando por fin conseguimos estar de acuerdo en algo ni siquiera damos las gracias. Esperemos que un día, más pronto que tarde, tanto patriotismo obtenga su recompensa. Sería lo mínimo.

<i>Fuenteovejuna </i>en el pueblo cordobés.
<i>Fuenteovejuna </i>en el pueblo cordobés.F. J. VARGAS

Regístrate gratis para seguir leyendo

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS