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CARTAS AL DIRECTOR

¡Y van cinco!

Una nueva víctima de correr con los toros, esta vez un muchacho de 16 años, sumando ya cinco muertes, sin mencionar los centenares de heridos y contusionados en un solo año, y aún estamos en agosto.

Sorprende que ante todas estas muertes anunciadas no se oiga el clamor del sentido común que exija la prohibición de tales espectáculos absurdos, bajo la falsa idea de que se trata de una tradición. ¡Hay tradiciones que matan! Una "tradición" financiada y promocionada por los ayuntamientos, que deberían ser los responsables penales de cualquier desgracia que ocurra.

La muerte de este muchacho navarro ha reabierto el debate de si los 16 años es o no la edad correcta para participar. No y no, señores; ése no es el debate ni mucho menos. El verdadero debate al que nadie quiere enfrentarse es si se deben llevar a cabo espectáculos públicos que entrañan tamaño riesgo.

Como siempre, el éxito de estos eventos se mide en plazas hoteleras ocupadas, litros de cerveza consumidos y restaurantes a rebosar. La otra cara de la moneda son las familias destrozadas y el dolor compartido por amigos y familiares de las víctimas. Y que no intenten compararlo con las muertes en carretera, etcétera. Los encierros tal y como se practican son un acto de barbarie y falta de responsabilidad de nuestras autoridades. Los alcaldes de las poblaciones donde mueren personas por correr los toros son moralmente culpables. Han firmado las autorizaciones y deben asumir las consecuencias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de agosto de 2009