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Entrevista:MARCOS ANA | Poeta y ex preso de Franco | VIENE DE PRIMERA PÁGINA... MEMORIA HISTÓRICA

"Tengo 90 años menos 23"

La Sala de lo Penal de la Audiencia decidió que Garzón no era competente para investigar los crímenes franquistas.

Es increíble que este hombre, Marcos Ana, poeta, preso durante 23 años en las cárceles de Franco, tenga casi 90. Él lo explica, sentado cerca de la bicicleta estática que le han prestado en el gimnasio de sus vecinos, citando precisamente esos años entre rejas. "Tengo 90 años menos 23". Desde que salió de la cárcel, Marcos Ana se convirtió en un apóstol de la memoria histórica. El Partido Comunista le llevó por el mundo para predicar lo que significa la dignidad de los perseguidos.

Para explicar su lucha, que ahora ha cobrado relevancia cuando en España escarbar en la memoria histórica sigue creando tantas riñas, refiere una anécdota que le contó su compañero Simón Sánchez Montero: "Simón estaba siendo torturado, y ya sangraba; entonces el policía, irritado, le gritó: ¿Y por qué coño lucháis vosotros? Simón le dijo: Por una sociedad donde a usted no le puedan hacer lo que me está haciendo a mí. Pues yo lucho por eso".

"La dignidad ha sido la clave de mi resistencia y la de otros encarcelados"

Marcos Ana contó su historia en Decidme cómo es un árbol (Umbriel), y desde el año pasado, cuando apareció, ese libro se ha convertido en un emblema de los que luchan, como él, por combinar dignidad y memoria, "y porque no nos arrebaten la dignidad queriendo quitarnos la memoria". Esa expresión, decidme cómo es un árbol, no es una metáfora. En la cárcel, Marcos Ana dejó de tener una percepción de lo que podría ser un bosque. Ingresó en prisión a los 19 años, y no conoció mujer hasta que salió, a los 41, cuando un amigo le prestó dinero para que se hiciera con los servicios de una prostituta. La prostituta escuchó su historia, y al final no le cobró. Al día siguiente Marcos Ana le envió flores.

Conoció dos penas de muerte y la tortura. Ahora vive en paz, optimista. Le pregunté por qué se mantenía tan optimista. "Eso es bueno para vivir". ¿Una receta para tener su alegría? "Tener proyectos sanos. Creo que el fin de la vida es cuando acaban los proyectos. Vivo así, como un joven, con la inquietud de un joven, aunque tenga, ¡y me da risa decirlo!, 90 años el 20 de enero".

En la divulgación de su lucha por la memoria ha encontrado un aliado rendido, Pedro Almodóvar, que va a hacer una película sobre su vida. "La culpa es vuestra, de EL PAÍS. Ustedes publicaron un capítulo de mi autobiografía, el de la prostituta, aquella noche que pasé con ella. Pedro llamó a la editorial; quería hacerse con los derechos. Me encontré con un hombre de una enorme densidad humana, con una sensibilidad a flor de piel... Me dijo: 'El único problema que tendré es cómo llevar al cine a una persona que representa tanto como tú, pero voy a poner mi talento en conseguirlo".

¿Y qué tiene que poner Almodóvar para representarlo?, le pregunté. "Lo primero, dignidad; ha sido la clave de mi resistencia, y la de tantos y tantos que sufrieron la cárcel o tuvieron que enfrentarse con la muerte... Eso lo va a hacer él".

"La memoria es dignidad, pero en mí no hay habitación para el rencor; he dicho siempre que la venganza no es un ideal político, ni un fin revolucionario, aunque no hay que confundir venganza con justicia. Sería absurdo ahora satisfacer mis años de cárcel rompiendo la cabeza del que me la partió a mí". Ni rencor, ni venganza, ni olvido. "Ni olvido, por supuesto".

¿Qué le subleva más, o qué le reconforta de aquellos años de cárcel? "En primer lugar, cuando cada noche, a excepción de los sábados, tenía que dar el último abrazo a un grupo de compañeros que iban a ser fusilados. Y lo que más me compensaba era la dignidad con la que se enfrentaban a la última madrugada de su vida".

¿Siempre, Marcos? "A veces la gente me pregunta qué pensaba cuando sabía que me podían matar. En realidad vivía obsesionado por que cuando llegara mi hora tuviera el valor para saltar sobre un petate y despedirme de mis compañeros, darle un viva a la República, a la libertad".

Cuando salió a la calle descubrió "la llama excitante de la vida", y a partir de ahí vivió "como un sonámbulo apresurado" que ahora ve la vida "con la misma esperanza que tienen los jóvenes: que otro mundo es posible". "Me marcharé sin verlo. Pero pienso que eso va a ser posible un día".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de agosto de 2009