La ofensiva terrorista

Interior sospecha que dos terroristas no fichados están todavía en la isla

La policía busca los temporizadores para saber cuándo se colocaron las bombas

La cadena de explosiones de ayer en Mallorca confirma los temores que albergaban los servicios antiterroristas antes del verano: que ETA ha planeado una dura campaña vacacional de atentados para mostrar fortaleza y que, en contra de lo que se pensó tras el asesinato de dos guardias civiles el pasado día 30, los etarras siguen en la isla, según mandos de la lucha antiterrorista. Tienen incluso algo más que sospechas de que ha llegado a colocar de manera temporal en Mallorca dos comandos, uno de fichados (liberados), autores del atentado de hace 11 días, y otro de dos legales (no fichados), autores de esta última acción. Ninguno sería un grupo estable. La clave está en los temporizadores de las bombas.

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Los atentados de ayer (todos perpetrados con bombas de escasa potencia que apenas causaron daños pero de gran efecto propagandístico) estuvieron rodeados de confusión. La banda efectuó cuatro llamadas desde Francia, utilizando una grabación con la voz distorsionada. Además, no llamaron a los teléfonos habituales (como la DYA vasca), donde una comunicación en nombre de ETA activa todos los resortes.

Los receptores de la llamada (Radio Taxi de Guipúzcoa, donde llamaron dos veces, los bomberos de Santa Ponça, y un cargo de la Junta de Andalucía) o no hicieron caso del aviso o no tomaron bien los datos. Por ello, ni se sabía el número exacto de artefactos ni las direcciones precisas, lo que hizo caótica la búsqueda. También por ello, el restaurante La Rigoletta no estaba desalojado cuando la bomba estalló a las 14.20 y la policía acordonó la plaza de España, cuando el último artefacto estalló en una galería comercial de la Plaza Mayor.

Los temporizadores

Tres explosiones -las de los dos restaurantes y la de los subterráneos de la Playa Mayor- se adjudican a ETA, pero aún se investigaba anoche si una explosión a mediodía en la céntrica cafetería Nica, que los bomberos atribuyeron al estallido de un aparato de aire acondicionado, también fue un atentado.

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Los investigadores estaban intentando recuperar los restos de los temporizadores colocados en las bombas. Es la pista clave. Lo que pretenden saber es si las bombas fueron colocadas y temporizadas hace 10 o 12 días, o si fueron puestas, por ejemplo, ayer por la mañana. "Es mucho riesgo dejarlas puestas durante tantos días, porque pueden estallar antes de tiempo", aseguran, no obstante, fuentes antiterroristas.

El hecho de que todas fueran ocultadas en los falsos techos de los servicios para señoras apunta a que había ánimo de ocultarlas durante largo tiempo, lo que indicaría que fueron colocadas días atrás y confirma que al menos uno de los etarras es una mujer. Sin embargo, los investigadores están ahora convencidos de que ETA sigue en la isla, en uno de los miles de alojamientos sin control, e incluso con pasaportes extranjeros. La posibilidad de dos comandos la apoyan en la gran diferencia entre los atentados de ayer y los del día 30 (la bomba lapa que mató a los guardias Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá y el otro artefacto explosionado). Los de ayer serían obra de dos legales, mientras los de hace 11 días podrían ser obra, explican, de algunos de los seis etarras incluidos en el último cartel de los más buscados y ya fuera de la isla.

La banda cumple con su ataque a Mallorca varios objetivos. Demuestra que pese a la presión policial y su debilidad conserva su capacidad criminal. Logra cumplir, tras varios fracasos, una campaña de verano, en un lugar clave de la industria turística. Ataca el lugar de vacaciones de la Familia Real, desafiando el ingente despliegue policial. Y, finalmente, según fuentes antiterroristas, prepara el terreno para el paso que el mundo de Batasuna dará en otoño, interpretando una supuesta desvinculación de ETA.

Agentes de policía revisan una alcantarilla durante la búsqueda de artefactos de ayer en Mallorca.
Agentes de policía revisan una alcantarilla durante la búsqueda de artefactos de ayer en Mallorca.AP
De izquierda a derecha, los etarras Itziar Moreno, Iratxe Yánez, Alberto Machain, Oroitz Gurrutxaga, Joanes Larretxea e Iván sáez de Jáuregui.
De izquierda a derecha, los etarras Itziar Moreno, Iratxe Yánez, Alberto Machain, Oroitz Gurrutxaga, Joanes Larretxea e Iván sáez de Jáuregui.

Sobre la firma

Jorge A. Rodríguez

Redactor jefe digital en España y profesor de la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS. Debutó en el Diario Sur de Málaga, siguió en RNE, pasó a la agencia OTR Press (Grupo Z) y llegó a EL PAÍS. Ha cubierto íntegros casos como el 11-M, el final de ETA, Arny, el naufragio del 'Prestige', los disturbios del Ejido... y muchos crímenes (jorgear@elpais.es)

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