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CARTAS AL DIRECTOR

Responsabilidades políticas

Una vez más, leo los comentarios del PP sobre el caso Camps y me siento indignada.

Señor Cotino, no hable en nombre de todos los valencianos. Aunque ustedes tengan la mayoría absoluta, hay una "minoría" nada despreciable de valencianos que no nos sentimos identificados con su política. A muchos nos avergüenza su desfachatez, su manipulación de los hechos y su falta de ética.- Nuria Sánchez Sotos.

En un Estado de derecho, los individuos que ocupan las instituciones están ahí para cumplir y hacer cumplir las leyes y, en su caso, para crearlas y/o modificarlas según los procedimientos establecidos. Nunca para violarlas. Resulta, sin embargo, que tal violación se produce con insoportable frecuencia. Creo que tales prácticas son propiciadas en parte por algunas deficiencias de nuestro sistema, que obstaculiza la exigencia de responsabilidades políticas personales.

En nuestro sistema de democracia parlamentaria, los partidos políticos son los entes que, como tales, acaparan todo el protagonismo. Los ciudadanos elegimos partidos y no personas y son los partidos los que, como tales, responden ante la ciudadanía. He ahí el problema. Al no elegir a personas, no existe la responsabilidad política singularizada. Si un político realiza un acto reprochable no responderá ante la ciudadanía sino sólo ante su partido, y más concretamente ante su líder. Pues bien, como partido y líder no quieren verse perjudicados ante la opinión pública, lo que hacen es defender obstinadamente al político corrupto, aun a sabiendas de que lo es. Por otro lado, no hay que olvidar los amiguismos, lealtades, etcétera que se dan en el interior de los partidos.

Resultado de todo ello es un sistema en el que la transparencia, la honestidad y la responsabilidad de los políticos frente a la ciudadanía a la que representan simplemente no existen. Es imprescindible analizar fórmulas (listas abiertas, pacto contra la corrupción...) que lleven al político a la percepción de que una conducta ilícita le reportará consecuencias políticas personales.

Se ha de castigar políticamente a aquel mandatario que haya defraudado la confianza depositada en él, sin que ello implique castigar al resto de integrantes de su partido o al partido en su conjunto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de agosto de 2009