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Análisis:EL ACENTO

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La afición no sale de su asombro ante el nuevo invento del PP contra los periodistas preguntones. Hace tiempo que se conocíael procedimiento, ciertamente no exclusivo del partido de Rajoy, de las ruedas de prensa sin preguntas:

se convocaba a los informadores y se les leía un comunicado con la advertencia expresa de que no podían hacerse los listillos poniendo pegas. Ahora se ha perfeccionadoel modelo: ruedas de prensa sin prensa; por vídeo. Se envía

a las redacciones la declaración grabada,y a correr. Camps, Rajoy y Cospedal han hecho, estos días, en sincronizado movimiento, el mismo ejercicio de escamoteo: allá va lo nuestro, y como está muy claro no tienen necesidad de preguntar. El paso siguiente podría ser la presencia holográfica de sus líderes: en formato tridimensional, pero tan cambiante y etéreo que no se sepa si está apareciendo o desapareciendo, como las esculturas de Giacometti. Lo que sería un reflejo del estilo de un líder que no se sabe si sube o baja; o sí.

El método ha permitido al presidente de la Generalitat valenciana esquivar las preguntas obvias que cualquier periodista le habría formulado: ¿quiere decir el auto de archivo de la causa firmado por su más que amigo que usted mintió cuando dijo terminantemente que se pagaba los trajes o que no conocía a El Bigotes? También ha evitado a Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, tener que presentar pruebas de las gruesas acusaciones que deslizó desde Marbella.

Hace años, en un simposio sobre el ser de España celebrado en Girona, un gran escritor que debía pronunciar una conferencia sobre tan abstrusa y esencial materia encontró un remedio a su miedo escénico (y a su desconfianza ante el discurso oral): repartió fotocopias de su ponencia entre los asistentes y salió a darse una vuelta. Pero hizo una concesión a la palabra hablada: prometió volver para responder a las dudas que la lectura del texto pudiera provocar en sus lectores. Difícilmente pudo prever el benemérito escritor que, andando los años, su procedimiento sería asumido por políticos que, paradójicamente, se pasan el día largando por la boca y que sufren si tienen que escribir algo más que tarjetas postales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de agosto de 2009