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Crítica:

Una temprana madurez

El crítico Jonathan Romney expresaba hace poco en las páginas de Sight & Sound su grata sorpresa ante el cosmopolitismo referencial, infrecuente en la media de cineastas británicos, de Soi cowboy, segundo trabajo del controvertido Thomas Clay. Se puede sentir un entusiasmo semejante ante una película muy distinta, pero igualmente anómala en su contexto: Tres días con la familia, algo (o mucho) más que un prometedor debut en el que la directora Mar Coll, formada en la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (ESCAC), y la guionista Valentina Viso, formada en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de Madrid (ECAM), se revelan más cercanas a una inminente conquista de la madurez que a un brillante trabajo de licenciatura.

TRES DÍAS CON LA FAMILIA

Dirección: Mar Coll.

Intérpretes: Nausicaa Bonnín, Eduard Fernández, Francesc Orella, Ramon Fontserè, Philippine Leroy-Beaulieu. Género: drama. España, 2009. Duración: 86 minutos.

Bastan pocos minutos de metraje para intuir en la mirada de Mar Coll una inclinación afrancesada, en el mejor sentido de la palabra: su control del registro naturalista no levanta sospechas de ejercicio de estilo, pero sí revela conocimiento de causa, una exquisita y nada forzada selección de referentes y una inusual capacidad para mirar más allá de ese cine español que parece empeñado en encontrar las claves del realismo en las impostadas ficciones televisivas. Conviene celebrar, pues, la llegada de una nueva directora con cosmopolita equipaje referencial, pero no es lo único que singulariza a Mar Coll: su película utiliza esos referentes para indagar en algo muy propio y esencial -la medular endogmia de la arquetípica familia catalana, que, aquí, parece una lúcida declinación de la arquetípica familia judía, con sus usos claustrofóbicos del afecto y su gestión (no siempre estratégica) del desafecto-. Por otra parte, frente a otras estimulantes y radicales propuestas del reciente cine español que apuestan por cierto ensimismamiento expresivo, la película de Mar Coll ejercita una transparente voluntad de comunicación.

La defunción de un abuelo que parece haber actuado como implacable fuerza centrífuga del núcleo familiar activa el pretexto narrativo de la forzada reunificación grupal, que propiciará el inevitable balance de daños, con su correspondiente cuantificación de grietas afectivas. La sucesión de rituales y desencuentros se contempla a través de la mirada de una figura que ha escogido la condición de desclasada para abrazar un aislamiento nada confortable: Nausicaa Bonnín lidia con un personaje áspero, que no ofrece ningún asidero a la identificación del público y lo que acaba logrando -ser nervio, corazón y conciencia del relato- se acerca probablemente al tour de force. No es la única interpretación remarcable en un reparto que encuentra su puntual disonancia en los deslizamientos algo caricaturescos, aunque controlados y puestos al servicio de un arquetipo esculpido con mala baba, de Ramon Fontserè.

Se puede reprochar a Tres días con la familia una cierta tendencia a verbalizar los conflictos que antes ha apuntado con sutileza. No obstante, pese a la extrema juventud de Mar Coll, esas debilidades parecen más propias de una sorprendente madurez en proceso de construcción que de las inseguridades del principiante.Conviene celebrar la llegada de una nueva directora cosmopolita

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de junio de 2009