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Crítica:

Tríptico de la muerte

Todo espectador más o menos informado sobre el estado de las cosas en el territorio del cortometraje español -condición, por otra parte, no demasiado fácil de obtener- sabrá que Eduardo Chapero-Jackson está llamado a ser uno de los nombres clave en el relevo generacional de nuestro cine. Su aprendizaje se ha materializado en tres cortometrajes de muy distinto signo que, no obstante, parecían compartir ese tipo de sex-appeal que logra seducir a los jurados de los certámenes especializados. Antes de dar su confirmado salto al largo, Chapero-Jackson ha reunido su celebrada terna de cortos en A contraluz, que, amén de funcionar como gratificante omnibus fantastique (sin llegar, realmente, a serlo), redefine cada una de sus piezas y establece conexiones que, muy posiblemente, ni siquiera el director había contemplado. Quizá la carta de presentación más cara del nuevo cine español, A contraluz extiende una invitación que nadie interesado en el futuro del cine español debería rechazar.

A CONTRALUZ (CONTRACUERPO, ALUMBRAMIENTO y THE END)

Dirección: Eduardo Chapero-Jackson.

Intérpretes: Macarena Gómez, Mariví Bilbao, Manolo Solo, Cristina Plazas, Marta Belenguer, Samuel Roukin.

Género: drama. España, 2005-08. Duración: 61 minutos.

Casi como en una entrega de autor de Galería Nocturna -la serie televisiva-, A contraluz cuenta tres historias para no dormir con notable despliegue de recursos: Contracuerpo (2005) logra la proeza de contar dos relatos a la vez -o de ser, a un tiempo, trama realista y metáfora en clave de pesadilla- sin recurrir a la palabra y aborda el tema de la cosificación del individuo con mirada oportunamente glacial; Alumbramiento (2007) no es exactamente un plato de gusto para quienes -como este crítico- tengan problemas con el espectáculo de la agonía, pero acaba revirtiendo una situación límite con justeza de tono y sentido del riesgo; y, finalmente, The end (2008), quizá la propuesta más convencional del conjunto, plantea una trama apocalíptica en un registro que quizá merezca un reproche modelo Carosone -"Ti vuo fare l'americano"- y un arqueo de ceja por el poco convincente uso de peluca y barba postiza que malogra el cameo de Miguel Ángel Silvestre.Narra tres historias para no dormir con notable despliegue de recursos

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de junio de 2009