Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Análisis:EL ACENTO

Príncipes de la comunicación

El Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica ha sido para dos caballeros estadounidenses cuyos inventos son tan populares ahora que, como la rueda, podríamos llegar a pensar que no fue necesario inventarlos: la arroba del correo electrónico y el teléfono móvil. Cuando Martin Cooper, en 1973, llamó desde un móvil a un colega era difícil imaginar que 35 años después habría más de 3.000 millones. Eso sí, irregularmente repartidos. Aquel teléfono pesaba un kilo y la batería duraba media hora. No hace tantos años, muchos españoles se extrañaban todavía de la pasión italiana por hablar en la calle con un artefacto que llamaban telefonino. Y ahora, los modelos de última generación compiten con los ordenadores portátiles. La aportación de Raymond Tomlinson es un tanto más intangible: colocar el signo de la arroba entre la identidad del remitente de un correo electrónico y la de su servidor para permitir la correspondencia digital entre distintos servidores. Eso y el programa anexo. Su primer mensaje no estaba pensado para la posteridad: QWERTYUIOP, las letras de la hilera superior de un teclado.

Tardó una semana en alicatar el programa y no lo patentó. Desde luego, no imaginó su impacto. Pero también se explica por el ánimo desprendido de los primeros descubridores del planeta digital. En su búsqueda por un signo que no pudiera confundirse con el repertorio de letras y números, Tomlinson escogió la arroba.

Un investigador italiano ha rescatado recientemente un documento mercantil sevillano del siglo XVI donde se relata la llegada de tres barcos y habla de una @ de vino, "que es 1/13 de un barril". La cuarta parte del quintal, unos 11,3 kilos. La arroba decayó con la introducción del sistema decimal para pesos y medidas a finales del siglo XIX, pero gracias a la entrañable elección de Tomlinson ha renacido con un vigor insospechado. De concepto anacrónico a código digital de conocimiento masivo. Cooper y Tomlinson, dos príncipes de la comunicación, porque, como dice la etimología, fueron por delante, los primeros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de junio de 2009