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A 3 DÍAS DE LA APERTURA DE LA NUEVA TERMINAL

El aeropuerto busca quintuplicar la carga transportada

La ciudad aeroportuaria acogerá hoteles, empresas logísticas y oficinas

El Prat de Llobregat

Por el aeropuerto de El Prat pasaron el pasado año 104.000 toneladas de carga. En lo que va de año, pese a que los pasajeros van a la baja, la carga se mantiene. A finales de mayo los movimiento sumaban 32.491 toneladas. Una simple regla de tres señala que se llegaría a final de año con 80.000 toneladas transportadas, pero probalemente serán más porque el tráfico es más potente en los meses centrales del año. En cualquier caso, todos los observadores creen que la capacidad de transporte de carga de Barcelona está muy por debajo de las posibilidades económicas de la región. Un informe de la agencia Barcelona Regional cifra en no menos de 500.000 las toneladas que deberían mover los aviones que pasen por el aeropuerto: los de pasajeros con capacidad en bodega y los de transporte exclusivamente de mercancías. Ése es el objetivo tras la inauguración de la nueva terminal.

Una comisión de AENA y empresarios impulsa la actividad aeroportuaria

La T-1 generará 7.000 empleos directos y unos 40.000 indirectos

AENA tiene claras las posibilidades de El Prat como generador de actividad económica, tanto en lo relacionado directamente con la actividad aeroportuaria como en lo que un aeropuerto de este estilo significa para la región. Los informes actuales, que Fomento tiene puestos entre paréntesis, a la espera de afinar más los datos, apuntan a que la actividad del aeropuerto y la generada en su entorno pueden significar el equivalente al 6,2% de lo que, en número redondos, viene a suponer unos 12.000 millones de euros anuales.El impacto del aeropuerto se da en las inmediaciones de las terminales, pero se expande a todo el territorio: hay empresas que no tendrían su sede en Barcelona si no contara con un aeropuerto que comunicara a sus directivos con el resto del mundo.

En el entorno de las terminales se perfila, con la lentitud a la que obliga la situación económica, toda una ciudad aeroportuaria, en la que convivirán hoteles y centros de congresos y reuniones con espacios de apoyo a los movimientos de pasajeros y carga. El dibujo actual de la futura ciudad aeroportuaria, hecho en su día por Antonio Font, profesor de la Universidad Politécnica (UPC), divide el terreno que se extiende entre las terminales y la autovía en espacios de oficinas, hoteles y servicios. Entre éstos están los aparcamientos, la estación de Renfe (mejorada y conectada con la que habrá en el interior de la nueva terminal) y otros medios de transporte.

En la misma línea, AENA trabaja en la mejora de instalaciones complementarias como la aduana o la inspección fitosanitaria, en estrecha colaboración con el empresariado, a través de un comité de trabajo creado con la Cámara de Comercio.

En estos momentos, el número de usuarios anuales de El Prat asciende a unos 30 millones, pero con la nueva terminal se podrán alcanzar los 55 millones, que serán 70 millones cuando se terminen las obras ya en marcha del satélite entre las dos pistas.

Para conseguir que las instalaciones no estén infrautilizadas, trabajan unidos AENA, la Generalitat y los empresarios. Del éxito de la iniciativa dependerá el impacto económico que supondrá la nueva terminal. "Estamos en un momento de transición, en que las grandes obras deben dar paso a las grandes realidades. Ahora toca sacarle provecho a la terminal y trabajar para atraer nuevas rutas y aerolíneas", sostiene el consejero de Obras Públicas, Joaquim Nadal.

"El impacto económico del aeropuerto de El Prat es muy difícil de cuantificar", explica Óscar Oliver, director de estudios de la empresa Gestión y Promoción Aeroportuaria (GPA), que habitualmente asesora a la Cámara de Comercio de Barcelona y que participa en el comité de rutas del aeropuerto, encargado de atraer nuevos destinos. "La terminal supone un impacto directo, que surge de todos los ingresos que generará la actividad del aeropuerto; uno indirecto, que será el crecimiento del entorno, y un impacto inducido, traducido en los puestos de trabajo que generará", 7.000 directos y unos 40.000 indirectos.

La influencia de la nueva instalación sobre el territorio es todavía una incógnita: "Calcular el impacto indirecto es ahora muy complejo. Así como la T-2 ha facilitado la actividad turística en Barcelona, la nueva terminal debe lograr dar un paso de gigante y atraer al turismo de negocios", analiza Oliver, que juzga básica la asignación de vuelos intercontinentales para atraer nuevas inversiones, empresas y congresos que se aprovechen de la terminal. "Si eres capaz de volar directamente a todos los continentes, es evidente que las empresas son las grandes beneficiadas. Todo ello sin olvidar el turismo, que también crecerá", razona el analista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de junio de 2009