Reportaje:

Hazañas de mujer en 1808

15 investigadores homenajean en un libro a las heroínas y patriotas de la Guerra de la Independencia

Las conciencias que se levantaron en 1808, al estallar la Guerra de la Independencia, también fueron femeninas. Los brazos y piernas que se movieron en las batallas también fueron de mujeres. Pocas dispararon los cañones pero su labor también fue crucial. Sus palabras valieron para la causa aunque durante muchos años hayan sido silenciadas. Un libro, editado por Cátedra, Heroínas y patriotas. Mujeres de 1808, repasa el papel clave que muchas mujeres tuvieron en los primeros cruciales años del siglo XIX a través del exhaustivo trabajo de 15 investigadores que han rescatado personajes conocidos por sus nombres pero escasamente por su actuación.

"Los conflictos como las guerras afectan a toda la población y no se puede olvidar a la mitad", explica Marieta Cantos, profesora de la Universidad de Cádiz y una de las que firma este trabajo. Su estudio se centra en la figura de una patriota andaluza, Francisca Larrea. Esta gaditana se hizo conocida con sus famosas tertulias, las tertulias de Doña Frasquita. "El patriotismo femenino de Frasquita debe insertarse en la línea de actuación de esas otras mujeres que intentaban abrirse un hueco en el ámbito político", escribe la investigadora. Su trabajo ha permitido conocer nuevos datos sobre su vida y recuperar algunos de sus escritos. "En hospitales, y rara vez en el frente, en las reuniones y tertulias, pero también a título individual en la prensa y en proclamas, las mujeres en España trataron de hacer oír su voz, aunque para ello tuvieran que contentarse con hacerse respetar presentándose revestidas de la sagrada misión de madres y esposas".

Pocas dispararon cañones, pero sus labores y palabras resultaron cruciales

El libro, coordinado por Irene Castells, Gloria Espigado y María Cruz Romeo, recuenta las heroínas de guerra pero trata de desmontar los tópicos creados en torno a figuras como la de Agustina Aragón. "Ella fue utilizada como un símbolo porque disparó el cañón pero hay otras muchas mujeres que realizaron su aportación", detalla Gloria Espigado, quien repasa la figura de la marquesa de Villafranca y la Junta de Damas de Fernando VII, una sociedad al servicio del interés de la nación para recabar recursos para vestir y pertrechar a los soldados combatientes.

La investigación no tiene fines biográficos, sino que busca mostrar la variedad de fórmulas con las que las mujeres se hicieron activas durante la guerra y los años posteriores. También se cuenta la labor de las afrancesadas, incluidas en el lote de patriotas porque, a su forma, también defendían una forma de ver su país. Entre las heroínas sobresalen María Bellido en la batalla de Bailén, las mujeres de Galicia, la compañía de Santa Bárbara de Girona, Agustina de Aragón, Manuel Malasaña o el relato del espionaje y represión en la serranía de Ronda a través de María Gracia, la Tinajera.

Pero la recopilación, cargada de hazañas a lo grande dotadas de simbolismo y de pequeñas acciones de enormes resultados, es también un relato de decepciones. La profesora Marieta Cantos, recuerda: "La guerra para ellas fue una coyuntura pero cuando todo pasó tuvieron que dar un paso atrás en los logros que habían conseguido. Se quedaron sin apoyos".

El libro llega en plena celebración del bicentenario de la guerra. También de la Constitución de 1812. El protagonismo de una mitad de la población española fue hurtado por momentos pero ahora se recupera en este trabajo de investigación. Papeles cruciales de aquéllas que llevaron agua, organizaron tertulias, montaron asociaciones o deshilacharon sábanas para curar las heridas de una guerra que enmudeció sus voces entre la fiereza de los cañones.

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