ANÁLISISColumna
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Urkullu se acerca a Rajoy

El PNV estrecha lazos con el PP en Madrid para condicionar la política vasca

El discurso oficial de los socialistas es erróneo cuando dice que el PNV ha cogido una pataleta por haber perdido el Gobierno vasco y que cuando se le pase normalizará las relaciones con ellos. Las cosas no apuntan por ahí ni en Madrid ni en Euskadi. El PNV, tanto en el Parlamento vasco como en el Congreso, dificulta lo que puede la acción de los Gobiernos socialistas central y vasco. Pero no sólo eso. En Madrid, los nacionalistas están dando un paso más al estrechar relaciones entre su grupo parlamentario y la dirección del PP. Ha habido reuniones entre su portavoz, Josu Erkoreka, y dirigentes populares. Estuvieron precedidas por la conversación telefónica que mantuvieron el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, y el del PP, Mariano Rajoy, a mediados de marzo. En ella acordaron abrir una "etapa de colaboración".

El cambio de Gobierno en Euskadi, con Patxi López, pese al triunfo electoral de Juan José Ibarretxe, ha roto los esquemas del PNV, que consideraba al PSOE socio preferente. "El PSOE no nos ha dejado ninguna posibilidad. Nos da igual uno que otro. Pero el PP tiene la ventaja de que le ves venir. El PSOE no cumple sus compromisos", señala un cualificado dirigente nacionalista. En la dirección del PNV se impone cada vez más la idea de que el PP es un socio más fiable. El PNV ha rememorado la etapa en que su interlocutor en las Cortes era Francisco Álvarez-Cascos, como vicepresidente primero del primer Gobierno de José María Aznar. "Los compromisos adquiridos con él se cumplían siempre, lo cual no sucede con los socialistas", afirman fuentes del PNV.

Con su acercamiento al PP, el PNV pretende presionar a José Luis Rodríguez Zapatero para que influya en el Ejecutivo de López, añaden fuentes nacionalistas. Una de las espinas que tiene más clavadas el PNV es que con motivo de las elecciones del 1 de marzo no funcionaron sus relaciones privilegiadas con los dirigentes del PSOE. Antes de esa fecha, el PNV había logrado en muchas ocasiones sus objetivos puenteando al PSE con el PSOE. Pero esa vez no funcionó. Al día siguiente de las elecciones, Urkullu llamó a Zapatero: pretendía que López, que había quedado cinco escaños por debajo de Ibarretxe, renunciara a presentarse como lehendakari. Pero Zapatero le contestó que López y el PSE eran soberanos para tomar sus decisiones.

La relación de Urkullu con los socialistas ha estado siempre teñida por la desconfianza. Aunque no es Ibarretxe, Urkullu tampoco es Josu Jon Imaz. Durante el proceso de final dialogado de ETA de 2006 siempre temió que el objetivo del dirigente del PSE Jesús Eguiguren, si el proceso llevaba a la paz, fuera formar un tripartito a la catalana entre el PSE, EB-IU y la izquierda abertzale, haciéndole la pinza al PNV.

En febrero de 2008, un mes antes de las generales, Urkullu apuntó en un acto en Madrid sus viejos temores a una pinza entre el PSE y la izquierda abertzale; remató su intervención denunciando que los socialistas estuvieron dispuestos a dar a ETA más de lo que estaban dispuestos a darle a Ibarretxe. Aquella intervención provocó una airada llamada del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, a Urkullu.

Aunque las relaciones se empezaron a deteriorar en esa etapa, a causa del segundo plan Ibarretxe, no quedaron rotas hasta la conversación telefónica entre Zapatero y Urkullu del 2 de marzo. El espacio del PSOE fue ocupado por Rajoy dos semanas después. A corto plazo, el PNV aspira a condicionar la política de López desde la presión sistemática a Zapatero. A veces, rayando la ilegalidad competencial, como cuando suscribió -con el apoyo del PP-, una propuesta en el Congreso para que el Gobierno recortara ministerios. Algunos dirigentes socialistas no descartan que el PNV presione, de la mano del PP, al Gobierno hasta obligarle, si puede, a adelantar las elecciones, lo que podría desestabilizar al Ejecutivo vasco de López, objetivo primordial de los nacionalistas.

Esa situación es impensable ahora. El apoyo del PP vasco a López pasa por un buen momento en sus primeras semanas de Gobierno. Tampoco Rajoy está en condiciones de proponer una moción de censura contra Zapatero. Pero las cosas pueden cambiar en año y medio, antes de las municipales de 2011. Si para entonces Zapatero se mostrase muy vulnerable en sus apoyos en el Congreso, todo podría pasar. De ahí que el presidente esté dando la batalla contra Rajoy en todo momento, incluidas las elecciones europeas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 31 de mayo de 2009.

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