Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

El arte de ser imprescindible

Rodolfo Ares ha colaborado con todos los secretarios generales del PSE. Pragmático y gran trabajador, los demás partidos le dan crédito como interlocutor. Ahora va a dirigir a 8.000 'ertzainas' contra ETA

Consejero, intenta reprimirte un poco. No queda bien que el mando supremo de la Ertzaintza se eche a llorar a las primeras de cambio". El relevo en el Departamento de Interior del País Vasco ha ofrecido las desconcertantes imágenes de un Rodolfo Ares que lee con voz quebrada y ojos brillantes el discurso de toma posesión del cargo y escucha envuelto en lágrimas las palabras de la viuda del guardia civil José Manuel Piñuel, asesinado por ETA hace un año. Ahora que ha roto con el protocolo asignado al actor secundario y que, después de tres décadas de militancia, se ha quedado solo bajo los focos, resulta que este hombre de gesto duro y mirada fría, tenido por un témpano político, lleva la emoción a flor de piel.

Para Rodolfo Ares, la organización es la clave de todo. "Nada hay más demoledor que las divisiones internas", dice

Sueña con el momento de anunciar, en una celebración familiar, que el terrorismo ha desaparecido de Euskadi

¿Es fruto de la feliz conjunción de los sueños, del suyo personal y del colectivo del socialismo y constitucionalismo vasco, o es que la maldición del eterno número dos: siempre junto al líder, nunca en su lugar, nos había velado hasta ahora su verdadera personalidad? "Él es bastante sentimental, yo ya le había visto llorar en otras ocasiones", revela una estrecha colaboradora suya. Poca gente conoce al personaje, tan citado y presente en los medios de comunicación, como nebuloso y equívoco, que mueve desde hace 20 años los hilos organizativos del Partido Socialista de Euskadi.

Si Rodolfo Ares Taboada cierra los ojos y busca sus primeros recuerdos, descubre amaneceres con olor a hierba recién cortada en su aldea natal de Ríos, cercana a Verín (Ourense), donde nació hace 54 años. Si sigue repasando su vida, encuentra a un niño de habla gallega que en los años sesenta se traslada con sus padres a una habitación alquilada con derecho a cocina en Otxarkoaga. Allí, en las bulliciosas calles de ese barrio obrero bilbaíno formado por una inmigración de aluvión, aprendió español y empezó a forjar su personalidad política, al calor de los encuentros juveniles auspiciados por curas obreros que luego desembocarían en sindicatos y partidos. A los 17 años, cuando estudiaba maestría industrial, fue detenido por colaborar en una huelga y pronto descubrió que para parte del nacionalismo el hecho de haber nacido fuera de Euskadi le convertía en maketo, término despectivo acuñado por Sabino Arana para designar a los inmigrantes pobres que llegaban de otras partes de España. Se afilió a la UGT y al PSOE en las primeras elecciones generales de la democracia, en 1997. "Vivíamos la política con una pasión extraordinaria. Éramos muy audaces. Estábamos convencidos de que íbamos a cambiar el mundo", dice.

Arrastrado por la efervescencia política del momento, renunció a cursar una carrera universitaria, para disgusto de sus padres, que siempre habían estado dispuestos a no escatimar esfuerzos ni sacrificios en aras de ese supremo objetivo familiar. Pero el joven Ares, hijo y nieto único, tímido, aplicado y muy listo, disolvió rápidamente las frustraciones paternas con una espectacular escalada en el socialismo vasco. En pocos años, antes de que sus compañeros acertaran a entender si subía o bajaba, si iba o venía, el gallego de Otxarkoaga demostró que poseía la fórmula de hacerse indispensable. ¿Qué tiene Rodolfo Ares que ha colaborado estrechamente con todos y cada uno de los secretarios generales del PSE: Txiki Benegas y Ramón Jáuregui, Nicolás Redondo y Patxi López? ¿Y por qué cuenta con plaza en la Ejecutiva Federal del PSOE? ¿Es el hombre del PSE en Madrid o es el hombre del PSOE en Euskadi?

La mano derecha del lehendakari es uno de esos tipos capaces de lanzar el córner y acudir a rematarlo. Con la particularidad añadida, en su caso, de que es muy probable que él mismo haya pintado también las líneas del campo, zurcido las redes de las porterías y comprobado la presión del balón. A no dudar que antes del silbato inicial ha mantenido una charla preventiva con el árbitro y con los periodistas. De hecho, esto es lo que ha venido haciendo como jefe de máquinas del aparato de su partido, como secretario de Coordinación y Organización y portavoz de la Ejecutiva de Euskadi. La humorada de que Ares diseña el cartel del mitin, organiza el acto, convoca a los medios, pone la música, las sillas, las luces, y, llegado el caso, suple al orador ausente hay que tomarla en su literalidad.

Así que la clave de su éxito hay que buscarla en el triángulo dedicación absoluta, enorme capacidad de trabajo y mucho oficio. Aunque ha ocupado sucesivos cargos institucionales: concejal de Bilbao, diputado foral de Vizcaya, parlamentario vasco, y se le considera exponente del socialismo obrerista vizcaíno, Ares es antes que nada un experto en la coordinación y dirección de equipos humanos, un profesional de la organización capaz de sobrevolar los subjetivismos y personalismos que con frecuencia enrarecen la atmósfera interna de los partidos.

"Si te tiene que hacer una faena, ten por seguro que te la hará, pero sin añadir nada personal de su parte; trata siempre de ser objetivo, no es rencoroso ni mezquino y respeta los pactos", indica una persona que colaboró estrechamente con él. Si hay algo que irrita al hombre fuerte del Gobierno de Patxi López son los dirigentes que frivolizan en público simulando estar en el secreto de las decisiones del partido. "Tiene que haber una estrategia de comunicación. Puede haber muchas voces en el aire, pero todas deben servir a una única estrategia. Formar equipos exige sentido común, objetivos claros, mecanismos de control y exigencia y respaldo. La organización es fundamental, la clave de todo. No hay nada más demoledor que las divisiones internas y los mensajes contrapuestos", resume.

Puertas adentro, la aplicación de la consigna popularizada por Alfonso Guerra: "El que se mueva no sale en la foto", y su probada disposición a abarcar y controlar hasta las más recónditas áreas de la organización le granjearon en el pasado no pocos enemigos y una reputación de personaje embozado, sombrío, conspirador, habitual del tejemaneje. Pero las viejas chanzas del estilo: "Tienes menos futuro que Ares en una lista electoral abierta", y las malignas y oportunistas alusiones mitológicas: "Hades, el Señor del inframundo", ya no tienen recorrido ni siquiera en el circuito de sus enemigos internos. Por el contrario, con el tiempo, el "coordinador" por excelencia del PSE ha ido dotando a su discurso político de empaque, profundidad y consistencia. El liberado todoterreno ha demostrado que, además de establecer los presupuestos económicos, los fundamentos doctrinarios, los modelos organizativos de las campañas, de articular y orquestar las voces, de estar de guardia los fines de semanas y las 24 horas al día que hagan falta, también es capaz de conseguir por sí mismo que el auditorio del mitin no eche en falta al orador ausente.

Ocurrió cuando asumió el cargo de portavoz parlamentario en la Cámara vasca. Quienes esperaban una medianía se encontraron con buenos reflejos dialécticos para el toma y daca parlamentarios y cierta brillantez discursiva. Y eso que Rodolfo Ares, apasionado de la publicidad, exigente consigo mismo y con los demás, acostumbra a preparar concienzudamente sus intervenciones porque dice carecer de la fluidez, soltura y capacidad de improvisación que observa en su admirado Alfredo Pérez Rubalcaba. Aunque ha sido considerado la réplica vasca del anterior secretario de Organización del PSOE, Pepe Blanco, el nuevo consejero de Interior de Euskadi se mira, sobre todo, en el espejo del ministro de Interior. Lo habitual es que adjudique a Alfredo Pérez Rubalcaba el título de "maestro" y que lo haga con naturalidad, sin más ironía que la pizca derivada del afecto y la confianza. "Envidio su habilidad comunicativa; yo soy más inseguro, aunque estoy acostumbrado a tomar decisiones y a arrostrar los errores", señala.

Hay varias líneas comunes entre estos dos hombres. Ambos conceden gran importancia a los medios de comunicación, conocen al dedillo las entretelas de su partido, poseen una visión panorámica de la política, son pragmáticos, grandes trabajadores, urdidores de grandes acuerdos, y han acabado ocupando las carteras de Interior. Con tanta sintonía personal, habrá que suponer que, más que cooperación, lo que va a darse en esta legislatura vasca es la comunión entre el Ministerio de Interior y el Departamento de Interior vasco. La idea de que el cargo se le ajusta como un guante estaba tan acreditada dentro del PSE que nadie barajó una candidatura alternativa. Y, sin embargo, él dice que le costó aceptar el cargo porque se había hecho el propósito de dedicar la legislatura a modernizar el partido, tarea que considera inaplazable y urgente y que, a su juicio, implica establecer cauces de participación e incorporar equipos técnicos capacitados para dar respuesta a los problemas más complejos de la sociedad.

Rodolfo Ares se supo objetivo preferente de ETA mucho antes de que la policía francesa encontrara duplicados de las llaves de su domicilio y garaje en la vivienda que el entonces jefe máximo de ETA Ibon Fernández Iradi Susper ocupó en Mont de Marsan (Francia) antes de su segundo arresto, en 2003. Desde su entrada en el Ayuntamiento de Bilbao, en 1983, el portavoz del PSE ha tenido que moverse acompañado por las sombras protectoras de sus escoltas. Puede decirse que cuando sus hijos, Marta, de 30 años, y Javier, de 28 -"ellos son mis mayores confidentes y asesores", dice él-, despertaron a la vida, la presencia de la policía a la puerta de casa formaba ya parte de las estampa familiar. Quizá eso explique su afición por los grandes viajes: recorrer EE UU de costa a costa, Tailandia, Egipto, por ejemplo, y su búsqueda regular del desahogo en la pesca por los ríos de la cornisa cantábrica o en el reencuentro de los escenarios de su infancia gallega.

Este hombre austero, frugal y de pocas aficiones -la del bricolaje debe de ser para entretener a las manos-, que come y bebe poco, no ha encontrado hasta ahora plato de mayor deleite que los huevos fritos que le preparaba su abuelo, ni recuerdos infantiles mejores que los afectos de su abuela, con la que pasaba tantas horas en la aldea, mientras su padre y su madre se buscaban la vida en el campo, en el molino o trabajando por las casas. Es dudoso, sin embargo, que Ares pueda desconectar del todo en algún momento porque, como dice, una persona amiga suya "es como aquellas abuelas que no paraban de trabajar en todo el día, que seguían haciendo calceta mientras veían la televisión".

Habla con todos, también con los afiliados o militantes de los pequeños municipios, con todos y continuamente, al extremo de que sale de casa por la mañana cargado con varias baterías del teléfono móvil. Persona de amigos contados, ha logrado granjearse una reputación de político respetable, cumplidor de los acuerdos, gracias a su gran profesionalidad. De ahí el crédito como interlocutor que le otorgan los dirigentes de los otros partidos y el hecho de que haya sido indispensable para todos y cada uno de los secretarios generales del PSE, a excepción de los dos últimos años de Nicolás Redondo. "Tengo capacidad de trabajo y soy inconformista porque siempre creo que las cosas se pueden hacer mejor, pero la clave es no perder la sintonía con la mayoría del partido", afirma. Deben ser esa profesionalidad y lealtad probadas lo que explican también su privilegiada conexión con la Ejecutiva Federal, preferentemente con Pérez Rubalcaba y José Blanco.

El consejero de Interior y hombre fuerte del Gobierno vasco tiene la confianza de la dirección del PSOE, entre otras razones, porque transmite en tiempo real las novedades políticas y se ciñe perfectamente a las instrucciones de la dirección socialista. La prueba suprema de esta actitud la aportó Rodolfo Ares durante las frustradas negociaciones con Batasuna en Loyola, paralelas a las que el Gobierno central mantuvo con ETA. "Mantuvo la posición más precavida, la de asegurar que no nos dieran gato por liebre. No dejó nada a la improvisación, se guió por la idea de que había que analizar y consultarlo todo", confirma el presidente del PSE, Jesús Eguiguren.

Ahora que va a poner a los 8.000 ertzainas en la lucha contra ETA, sueña con el momento, que se debe a sí mismo y a su familia, de anunciar en una celebración familiar que el terrorismo ha desaparecido de Euskadi y que se ha iniciado un tiempo nuevo para construir Euskadi en libertad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de mayo de 2009