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Crítica:9ª corrida de la feria de San Isidro

Cogida menos grave de Ferrera

Sin duda alguna, un gafe se ha abonado a la feria de San Isidro. Un gafe malage de verdad que tiene a la torería andante con la mosca detrás de la oreja, y con el miedo metido en el cuerpo, pensando cada uno en la soledad del hotel si seré yo el próximo esta tarde. No es normal que en nueve festejos hayan pasado por el lecho del dolor nada menos que seis toreros: Abellán, Gimeno Mora, Iván Fandiño, Bolívar y Rafael Cuesta. Ayer le tocó el turno a Antonio Ferrera, que resultó cogido al inicio de la segunda tanda con la muleta. Acababa de cogerla con la mano derecha, quedó al descubierto y el toro aprovechó para clavarle el pitón en el tercio medio del muslo derecho con una trayectoria de 15 centímetros que le produjo destrozos en el vasto interno. No quiso que lo trasladaran a la enfermería, le colocaron un torniquete, continuó la faena y sólo se retiró tras matar a su oponente. Antes, había banderilleado, como es su costumbre, de forma espectacular, pero a toro pasado siempre. Y muleteó de forma tosca, sin gracia ni hondura, con el engaño retrasado en todo momento y citando con el pico. Dicho lo cual también hay que cantar la heroicidad de estos hombres -de Ferrera, ayer-, capaces de aguantar el dolor y cumplir con su deber hasta el último momento. Ferrera cojeaba ostensiblemente al final de la faena, pero se mantuvo en el ruedo con una enorme dignidad.

CORTÉS / FERRERA, TEJELA, BOLÍVAR

Toros de Cortes, -el cuarto, devuelto-, desiguales de presentación, mansos, flojos y nobles. Sobrero de Fernando Peña, manso y muy noble. Antonio Ferrera: bajonazo (silencio). Resultó cogido de carácter menos grave.

Matías Tejela: bajonazo (silencio); pinchazo y estocada caída (oreja); cuatro pinchazos, estocada -aviso- (silencio). Luis Bolívar: estocada tendida -aviso- y dos descabellos (silencio); dos pinchazos, media -aviso- (silencio).

Plaza de Las Ventas. 15 de mayo. Novena corrida de feria. Lleno.

El resto de la corrida fue toda una lección magistral del pegapasismo imperante, burdo, decadente, engañoso e insufrible. Porque no hay nada más aburrido que un señor dando mantazos a un toro que va y viene con más o menos alegría, mientras el público bosteza y algunos aprovechan para echar una siestecita. Qué aburrimiento, por Dios, el que ayer protagonizaron dos toreros jóvenes, Tejela y Bolívar, plenos de fortaleza e ilusión -se supone-, con toda una vida por delante y la necesidad de obtener un gran triunfo para encaramarse a la cima del toreo. Pues todo gozo en el más profundo pozo.

El pasado miércoles, Bolívar cortó una oreja a un toro extraordinario, y se ganó, también, una cornada. Dos días después, las Ventas lo recibieron con una tímida ovación de aliento y con inusitada expectación por su gallardía por reaparecer con la herida aún abierta y con la esperanza de que refrendara su éxito. Pues, una de dos: o las secuelas de la herida le han pasado una dura factura, o lo de hace tres días fue un espejismo. Porque el torero que se vio ayer fue una triste caricatura del Bolívar valiente y triunfador.

Comenzó la faena a su primero con un pase cambiado por la espalda que hizo albergar las mejores esperanzas ante un animal sosote, pero constante en su embestida. Parecía asentado y seguro, y que refrendaría su buen momento. De pronto, cita de nuevo con la mano derecha, y el torero parecía transfigurado como por arte de magia. Vamos, que se convirtió en un pegapases infumable: se coloca al hilo del pitón, fuera de cacho siempre, sin cruzarse, desviando hacia fuera la embestida... Un horror protagonizado por un torero desorientado, inseguro, tenso y sin ideas. El noblote toro le ganó la partida de cabeza a rabo. Y salió el sexto, astifino, sobre todo, del pitón derecho, y Bolívar brindó al público en una declaración pública de que venía a por todas. Pues, otro fiasco imperdonable. Dos naturales de bella factura quedan en el recuerdo, en el desorden de una labor premiosa y superficial. El toro tenía casta y exigía lo que el torero no tenía: dominio y poder. Bolívar dio la impresión de sentirse desarbolado e impotente.

Y Tejela mató tres toros y cortó una oreja. Tejela tiene maneras de torero de aroma. Tiene gusto toreando, pero es otro pegapases de los que no se pueden aguantar. No tiene perdón que un torero con sentimiento artístico en las muñecas sea tan ventajista, se coloque tan mal, cite con la muleta siempre retrasada, y permita que entre él y el toro quede otro toro. Eso hizo ante el noble segundo. Ante el quinto, el más aplomado y débil de la tarde, demostró voluntad, pero muy poco sitio. Lo más grave es que se dejó ir un manso nobilísimo que le ofreció las orejas en bandeja, cuando Tejela sólo tenía en su manos bisutería barata; es verdad que su toreo ganó en intensidad, pero por la calidad del toro, que no por la del torero. Le faltó embraguetarse, ponerse en su sitio y torear como es debido. Le concedieron una oreja; pues, muy bien.

Ah! Que alguien encuentre, por favor, al gafe de la feria. Sólo así se evitará que continúen las cogidas.

La corrida de hoy

- Toros de José Escolar.

- Rafaelillo. Despegó hace dos años y desde entonces se ha convertido en un nuevo ídolo para un sector de la afición venteña. Sabe sacarle pases a los toros más difíciles.

- Fernando Robleño. Hace dos años rozó lo heroico, haciendo un esfuerzo no recompensado con trofeos. Debe de emplearse a fondo si quiere seguir funcionando de manera razonable.

- Sánchez Vara. Deberá aplicarse para no desentonar en este cartel. Otros años no acabó de aprovechar los buenos toros que tuvo.

La corrida se retransmite por Canal + Eventos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de mayo de 2009

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