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"Lo que ha dicho el Papa sobre el preservativo es muy discutible"

Las recientes declaraciones del papa Benedicto XVI en África sobre el preservativo han provocado polémica, o cuando menos, sorpresa.

Pregunta. Como creyente y como teólogo, ¿cómo ve el mensaje del Papa?

Respuesta. Lo que se ha recogido en Europa de ese tema, se ha hecho de una forma descontextualizada. El Papa ha hablado de la pobreza, del respeto a la dignidad, de la ayuda internacional, de la promoción de la mujer y todo eso ha pasado desapercibido, siendo asuntos que también suponen un reto para la sociedad europea y sus responsabilidades en África. Luego, lo que ha dicho sobre el uso del preservativo me parece que puede ser muy discutible. Que el preservativo no sea la panacea para la lucha contra el sida puede ser cierto, pero que puede jugar un papel muy importante en la prevención del sida es algo que parece claro hoy en día.

P. Muchos religiosos los distribuyen en tierras africanas.

R. Así parece. No estaría de acuerdo en una distribución indiscriminada del preservativo, pero sí con una distribución responsable dentro de una política educativa y sanitaria que me parece una medida necesaria cuando el sida es una pandemia que avanza de una forma atroz en África.

P. Al mismo tiempo, en España la Iglesia ha puesto en marcha una campaña que podríamos tildar de fundamentalita con el fin concreto de parar la revisión de una ley sobre el aborto que fue aprobada hace veinte años. No deja de ser sorprendente.

R. Todo el mundo considera el aborto como un mal, y una ley sobre el aborto puede ser necesaria porque es un hecho social que no podemos desconocer. Entonces hay que regularlo, y nosotros no podemos imponer una convicción. Pero también digo que no basta con hablar de una ley del aborto. Requiere, a su vez, un debate público. A lo que aspiro es a situarlo dentro de un debate sobre valores morales, educativos y sobre pautas sociales de comportamiento. Lo que también lamento es que, a veces, la Iglesia tiene valores muy importantes que con frecuencia no sabe proponer ni defender de una manera adecuada en una sociedad laica. Da la impresión de que se aspira a imponer unas convicciones religiosas, y esto me parece desafortunado. Nos hace falta una Iglesia mucho más propositiva, que esté dispuesta a escuchar y que no siempre se situé en una postura negativa y a la contra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de abril de 2009