Columna
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Substracción

El lamento de los jueces españoles por la falta de medios es muy razonable y está de sobra documentado. Ahí tenemos las imágenes de los legajos apilados en montones de injusticia. Son fotos que despiden el hedor de tantos casos deshidratados, pellejos de tiempo no tramitado y muerto. Por eso choca más el silencio y el ahorro tacaño de solidaridad del estamento ante el maltrato y el linchamiento simbólico que sufre un conocido juez, aquel que precisamente no parece arredrarse ante la falta de medios. Al contrario, al señor Garzón lo que algunos le reprochan es semejante dedicación, esa entrega estajanovista. Es un mal ejemplo. ¿No parará este hombre?, se interrogan los que quisieran verlo en huelga por las buenas o las malas. También se le critica su manera de llevar la instrucción, siempre que la materia no tenga que ver con la madeja de espinos de Euskadi, donde todo lo que hace tan diabólico magistrado es justo y necesario. Los que escudriñan de qué pie cojea el pollo, los que han rebuscado hasta los dientes perdidos de la infancia de Garzón, mantienen ahora una alegre y hasta jocosa laxitud en los dos procesos judiciales de dramática actualidad, los casos Yak-42 y Prestige. En el primero, en la vista oral, se nos ha privado de testimonios que parecen imprescindibles, básicos, para conocer la verdad. En algún responsable político ha habido por lo menos un delito de substracción del respeto a los vivos y a los muertos. Dado que el señor Trillo valoró en un euro la libertad de expresión, no sabemos si será más generoso a la hora de evaluar el precio de la piedad. En el segundo, por lo que deduzco de la lectura de las conclusiones de la instrucción, la más costosa catástrofe ecológica en Europa después de Chernóbil fue el resultado de una decisión política estupenda. Pero, además, ¿existió el Yak-42? ¿Hubo marea negra en Galicia?

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