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La polémica salida de Kosovo

Ira y frustración entre los aliados de la OTAN

La mayor parte de los socios de la Alianza desconfían ahora de España

Ira y frustración expresó el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, el pasado viernes en una reunión con todos los embajadores aliados cuando llegó el momento de discutir la manera en que España había anunciado su retirada unilateral de Kosovo. Buena parte de los 26 jefes de delegación secundaron las palabras de Scheffer, a las que tuvo que contestar el embajador español con razones que nadie discute pero que no sirven para paliar el gravísimo daño causado a la credibilidad de España en la escena internacional. "Lo hecho no tiene vuelta atrás", apunta una fuente diplomática. "El daño ya está hecho".

"Cuando los países toman decisiones, han de consultar con sus aliados y todos deben estar al tanto de las consecuencias", explicaba ayer Peter MacKay, ministro canadiense de Defensa y uno de los dirigentes políticos aliados que han sonado como posible sucesor de Scheffer, quien el próximo 31 de julio entrega el relevo como jefe de la OTAN. "El respeto mutuo en la Alianza exige ese nivel de comunicación", recordó cuando le preguntaron sobre la evacuación española de Kosovo.

Las explicaciones del embajador español no aliviaron el malestar

"No tiene vuelta atrás; el daño ya está hecho", afirma un diplomático

MacKay estaba en Bruselas para asistir al foro de debate de cuestiones internacionales que cada mes de marzo organiza el German Marshall Fund. En su panel, dedicado al 60º aniversario de la Alianza, intervino también Scheffer haciendo un canto a la necesaria solidaridad entre los aliados, cuestión de plena vigencia política, militar y financiera en la organización.

Scheffer no compareció luego ante la prensa para dejar ver cómo evoluciona la crisis diplomática creada por el Gobierno español con sus socios. Pero el viernes, en una reunión preparatoria de la cumbre de los días 3 y 4 de abril en Estrasburgo y Kehl, el secretario general de la OTAN dejó claro ante los presentes su "ira y frustración" por la peripecia protagonizada por la ministra de Defensa de España, Carme Chacón, en Istok. Y le secundaron buena parte de los aliados.

En términos muy duros intervino el representante italiano, país que ahora tiene el mando global de la misión de la OTAN en Kosovo (Kfor) y, en concreto, sobre la región occidental en que opera el contingente español. También ventilaron su frustración los embajadores de Grecia y de Rumania, países que, al igual que España y Eslovaquia, no reconocen la independencia de Kosovo y que ahora se quedan colgados de la brocha con los argumentos españoles de que tal independencia hace inviable la presencia de las tropas.

Reino Unido, Francia, Turquía y Holanda, que han defendido la tesis de que ya es factible rebajar la presencia aliada en Kosovo, vieron en silencio cómo ardía en la pira la credibilidad de España. Alemania hizo saber que no quería que un incidente de falta de comunicación, calificado de burdo por alguna fuente aliada, fuera a empañar la cumbre de abril, de la que es coorganizadora.

El embajador español en el Consejo Atlántico, Carlos Miranda, dio respuesta a todos, reiterando los motivos ya expuestos por carta el jueves a los aliados: que será una retirada gradual y coordinada; que España ha sido un socio constructivo; que pese a no reconocer la independencia de Kosovo, Madrid nunca ha bloqueado decisiones de la OTAN sobre el territorio; que la evolución de la independencia crea situaciones de incomodidad política a España...

Son razones comprendidas por los presentes que, sin embargo, consideran irresponsable e insolidaria la puesta en escena, contraria a la civilidad, usos y procedimientos propios de una organización internacional y más cuando todos habían acordado actuar de consuno llegado el momento. Ése es el jarrón que España ha roto en Kosovo y que no puede compensar colocando otro igual o más grande en Afganistán.

"No tiene vuelta atrás; el daño ya está hecho", insiste una fuente diplomática. "¿Con qué teorías de seguridad internacional va a acudir Zapatero a Estrasburgo?", se pregunta otra fuente, haciendo énfasis en la credibilidad volatilizada del presidente del Gobierno español. "Parece ignorar que lo que se hace en un escenario tiene efectos sobre otros. Quiere sentarse en el G-20, dice que quiere jugar un papel en Oriente Próximo y el hecho es que España es ahora un país poco creíble, que pone y quita soldados al albur".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de marzo de 2009