Donde vaya la madre

"No quiero volver allá, pero tampoco quedarme acá. La verdad, me da lo mismo; donde mi mamá vaya, voy yo". D. G. tiene 17 años, aretes de brillantes y el pelo color castaño con rayitos rubios. Cuando dice "allá" habla de Loja (Ecuador), ciudad de la que salió hace nueve años, y "acá" es Madrid (España), donde vive actualmente.

D. G. está sentado en un banco de un parque de Ascao con su grupo de amigos, todos latinos, excepto uno. Según la encuesta de las universidades de Princeton, Clemson y Pontificia de Comillas. D. G. forma parte de la generación 1,5 integrada por adolescentes de padres extranjeros y que llegaron a España antes de cumplir los 12 años. Los amigos de D. G. conversan. P. O. M. tiene 16 años, llegó a Madrid con sus padres cuando tenía seis, pero a los 13 regresó a Colombia (el país donde nació) a vivir con su abuela y una tía. Dice que la enviaron allí porque "la educación es mejor allá, son más estrictos". Regresó hace dos años para tener la nacionalidad española. Sus primeros años en un colegio público, dice, fueron normales.

"A algunos latinos les han dicho 'sudaca' despectivamente", dice una chica

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P. O. M. es de tez blanca, pelo castaño oscuro y ondulado y rasgos finos, parece una española más. Piensa que por esa apariencia nunca la discriminaron en su colegio público. Cuando llegó era la única extranjera. No tiene el acento español, no acentúa la zeta al hablar, todavía se le siente el seseo que caracteriza a las personas de Armenia, la región de Colombia donde nació. Pasó varios años siendo la única extranjera en su colegio, pero luego llegaron otros: rumanos, colombianos, ecuatorianos, bolivianos...

Según el Instituto de la Juventud, Injuve, la población que más crece en España son los adolescentes inmigrantes. En los últimos cuatro años, los jóvenes de entre 15 y 29 años han aumentado un 64%, hasta llegar a 1,3 millones. La mayor parte de jóvenes que llegaron en este tiempo son de Rumania (211.127), luego están Marruecos (193.393) y Ecuador (141.252).

P. O. M. dice que en su barrio (Ascao) hay un rumano, que es novio de una chica ecuatoriana. "Los inmigrantes se relacionan entre sí", agrega. Y cuenta cómo en su colegio hay grupos, los extranjeros con los extranjeros y los españoles con los españoles.

Aunque el estudio de las tres universidades sobre los jóvenes extranjeros en Madrid indica que "una mayoría de los estudiantes en colegios públicos reporta la existencia de pandillas y de frecuentes peleas interraciales o interétnicas en sus centros", P. O. M. y los amigos con los que está en el parque aseguran que en sus colegios, todos públicos, nunca han visto peleas entre grupos de españoles y extranjeros. En ocasiones, dice P. O. M., a los latinos les han dicho sudaca o negro, de forma despectiva, pero nunca el maltrato ha sido físico. "Les hacen desplantes", relata. "Cuando llegaron algunos extranjeros empecé a hablarles y mis compañeros me miraban raro: como soy blanca sentían que era una de ellos". Luego toca al chico sentado junto a ella y le pregunta bromeando: "Negro, ¿te han maltratado?". "Nunca", responde J. L. C., otro colombiano. Estudian en el mismo colegio. El adolescente llegó de Cali, Colombia, hace 10 años. Tenía cinco cuando salió de su país. "No extraño nada porque no lo recuerdo", dice. P. O. M. lo interrumpe: "Allá son más cálidos".

Habla con las mismas palabras y acento de su tierra. "Es que cuando estoy con latinos hablo así. Además, el verano pasado estuve en Colombia y se me pegó el acento. Si voy a hablar con españoles pues les digo: 'Joder, tío, macho, qué pasa, tronco", dice y se ríe, J. L. C., que está en 4º de ESO, quiere hacer el Bachillerato e irse al Ejército o estudiar informática. No ha pensado en vivir en Colombia.

Son las siete de la tarde, la mayoría de los miembros del grupo de chicos latinos que están en el parque estudia en la mañana. D. G. es el único que no está en el colegio, se retiró. Sólo llegó a segundo año de ESO. Dice que más adelante volverá a estudiar. Al igual que para J. L. el Ejército es una de las opciones que tiene en su futuro. Lo dice sin mucha seguridad.

J. L. C., P. O. M. y D. G. escuchan salsa, reguetón, merengue y bachata, música de sus países de origen. Aunque salieron siendo unos niños, los lazos con Latinoamérica parece que no se han roto del todo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 02 de marzo de 2009.

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