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Columna
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Fusiones racionales

La crisis financiera internacional, que ya se ha alargado durante más de veinte meses, está poniendo en entredicho muchas de las premisas en que descansaba el modelo de intermediación financiera (sobre todo, el elevado apalancamiento y la consiguiente escasez de recursos propios para afrontar episodios de fuerte pérdida de valor de los activos, como el que estamos viviendo), y al tiempo demostrando que hay un claro exceso de capacidad en dicho sector.

Resulta en especial chocante que el cuestionamiento del modelo privado de banca haya sido más intenso precisamente en los dos países más liberales de la tierra, EE UU y el Reino Unido. En ambos se ha asumido (con un claro consenso entre los principales partidos) la necesidad imperiosa de aportar fondos públicos para sanear un sistema bancario totalmente insostenible. Si esa recapitalización se denomina o no "nacionalización" se parece más a la fábula de los "galgos y podencos" que a una reflexión de racionalidad económica. Dada la magnitud acumulada del deterioro en la solvencia del sistema financiero, si en un banco (véase Citigroup o Bank of America) es necesario inyectar fondos públicos en un importe que duplica o triplica el valor actual de dicho banco, huelga discutir si se ha de hacer con acciones preferentes u ordinarias: sea cual sea la fórmula, está claro que la mayoría de fondos propios, y por tanto de los derechos económicos, pasan a ser del sector público.

En España debería facilitarse que el sistema se refuerce con fusiones entre entidades más y menos

Centrándonos en España, aunque es cierto que la salud de su sistema financiero es hoy mejor que la de otros países, en absoluto cabe descartar la inyección de fondos públicos. Mientras tanto, si podemos evitar, o minimizar, el uso de dinero de los contribuyentes, es obligación de los gestores y reguladores el facilitar que el reforzamiento del sistema se haga mediante procesos racionales de fusión, en los que entidades más saneadas se combinen con otras que lo están menos. Y esos procesos deben bascular sobre "geometrías variables", no necesariamente sometidas a la disciplina territorial. En este contexto, es muy loable la integración de Unicaja y Caja Castilla-La Mancha, operación en la que a esa búsqueda de equilibrio financiero cabe añadir, como elemento positivo, el hecho de que sería la primera fusión interregional de cajas con efectos positivos en términos de ayudar a una mayor vertebración financiera en España.

Ángel Berges y Alfonso García Mora son profesores de la Escuela de Finanzas Aplicadas (AFI)

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