Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Análisis:EL ACENTO

Ángel y cometa

Penélope Cruz ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto poco después de las dos y media de la madrugada del lunes, hora española, en la gran ceremonia que organiza la Academia del Cine de Estados Unidos. Algunos seguro que celebraron la noticia como si fuera un premio al cine español, pero conviene dejarlo claro desde el principio. El premio fue para la actriz, por su talento y por su trabajo de años. Tuvo, eso sí, la elegancia de felicitar en español a los actores de España y de acordarse de algunos de los directores españoles que la fueron empujando al estrellato (Bigas Luna, Fernando Trueba, Pedro Almodóvar).

Gana una actriz de aquí un galardón allí, en la meca del cine, en el centro neurálgico del glamour, y ocurre un fenómeno curioso: los párrafos de las crónicas se llenan con la palabra España. Es inevitable. El premio es para Penélope Cruz, ella se lo ha trabajado y merecido, pero cuando sube a recogerlo el mundo entero se acerca a España a través de ella. ¿Y qué imagen es la que de este país se hacen los millones de espectadores que siguieron en directo la ceremonia de los Oscar?

Es difícil decirlo, porque cada cual es cada cual, y vaya usted a saber. Pero hay alguna referencia concreta, y eso puede ayudar. Anjelica Huston, por ejemplo, le dijo: "Bajo tu belleza se esconde el alma de un auténtico cometa". Así que lo que allí ven en lo que muchos aquí entienden como la enérgica fuerza terrenal de una chica de Alcobendas es la imagen de una grácil cometa que se proyecta de manera etérea hacia las alturas.

No le pasa sólo a Anjelica Huston. Su amiga Goya Toledo lo dijo también el otro día: "Es un ángel". Por eso, quizá, Penélope Cruz eligió ese largo y angelical vestido palabra de honor de Pierre Balmain de sesenta años de antigüedad. Para levantar el vuelo y subir a las alturas a pasarse una temporada tratando con los serafines. De acuerdo, vale que sea ángel y cometa. Pero, ¿por qué no?, también un demonio con una considerable carga erótica. O una sencilla chica de barrio con los pies en la tierra. O esa temperamental mujer que interpreta en Vicky Cristina Barcelona, la película de Woody Allen por la que le han dado el Oscar. Sea finalmente lo que sea (ángel o demonio o ambos a la vez): enhorabuena.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de febrero de 2009