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COLUMNA

Do mayor

Sólo en los regímenes totalitarios, la melodía es siempre una y la misma, la canción tiene siempre la misma letra y la modulación musical suele tener el mismo énfasis que el estruendo final en el Bolero de Ravel. Aunque esa música monocorde y sin variaciones no es exclusiva de las dictaduras y sus aledaños, puede cualquier vecino valenciano deleitarse con la misma tan sólo con alargar la mano al mando a distancia y conectar con los informativos de la Radio Televisión Valenciana. Una televisión, en teoría, de todos los valencianos y sufragada por todos los valencianos, plurales en sus gustos musicales, canciones y opiniones. Pero no le presta un democrático servicio a todos los valencianos sino a unos pocos. Y la anterior aseveración ha de quedar limitada a los servicios informativos, no a otras emisiones más o menos aceptables, o la política lingüística de RTVV -no se olvide que en la creación de esa entelequia llamada Ente se adujo como razón que serviría como vía de recuperación lingüística del valenciano, tanto siglos olvidado en la vida pública: algo todavía por ver excepto en algunos loables programas de Punt 2.

Hasta ahora mismo, si ustedes siguen los mencionados informativos, seguirán desinformados de forma absoluta de una enumeración caótica, posiblemente relacionada con una no menos caótica picaresca -o choriceo, en expresión de los modernos-. Una enumeración que no ha de utilizarse como referencia a cuantos detentan poder de decisión política, aun cuando esté relacionada con determinadas personas en los aledaños políticos: Orange Market, conspiración, indignaciones profundas y fiscalías anticorrupción, hipotéticas o verosímiles facturas de sastres y gestoras para la imagen estratégica y promocional de la Comunidad Valenciana, guías de peregrinos que miran a Roma y operaciones Gürtel, algarrobos violentados para cazar zorzales y Race Village, los señores que aparecen en las fotos y la Volvo Ocean Race. Un gazpacho hispánico con ingredientes mil del cual nada sabían en la televisión autonómica, y para cuya comprensión se necesitan por un lado a especialistas en química alimentaria, y por el otro unas cuantas horas de servicios informativos especiales, muy claros y transparentes ellos, con el objetivo de que algo entiendan los valencianos de Mislata y los del Pla de Lluch, pues todos pagan impuestos. Cuando se cocinan gazpachos semejantes allende los Pirineos, eso es al menos lo tiene lugar en otras televisiones autonómicas europeas y democráticas, que las parabólicas nos ponen al alcance de la mano.

Aquí no. En la RTVV no se llega a tanta democracia. Alarga uno el brazo hasta el mando a distancia y enchufa los informativos de la orgánica televisión: aparece nuestro presidente autonómico, elegido en las urnas, y con tono trascendente nos habla de proceso abierto contra su partido, de honradez, de tramas y conjurados políticos, judiciales o helvéticos, de profundas indignaciones e investigaciones, y de que es el presidente de todos los valencianos y de maniobras electorales contra su organización política, que es excelente porque gana las elecciones. Y no hay votante alguno que, limitando sus fuentes de información a la RTVV, se entere del tema o del argumento de la falla.

Pero esa política informativa, esa canción monocorde y sin lugar a dudas totalitaria en el ámbito autonómico, no es de recibo. Independientemente de la honradez personal del presidente de todos los valencianos, que sólo un juez y con pruebas puede dañar. Una honradez que quedaría de cualquier forma harto constatada si, desde el poder de decisión que le dieron las urnas y los votos, a él y a su partido político, diera un giro de 180 grados a la melodía obsesiva y partidista en los informativos de Canal 9. Porque para músicas invariables, obsesivas, reiterativas y monorítmicas nos sobra y nos basta el Bolero en do mayor de Ravel, que no es totalitario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de febrero de 2009