Calaveras bajo el hemiciclo

Los sótanos del Congreso esconden un bosque de fustes donde se han hallado huesos de antiguas criptas

Los huesos humanos, dos cráneos y tibias y peronés, hallados en la mañana del martes en los sótanos del palacio del Congreso de los Diputados por un obrero de nombre Juan Carlos, fueron reunidos en tres cajas y recogidos por un forense adscrito al Juzgado de Guardia de Madrid. Los cráneos, ennegrecidos, carecían de maxilares inferiores y presentaban un estado de conservación aceptable, según testigos. Se desconoce su origen, si bien se cree que proceden de antiguas criptas con enterramientos de nobles soterradas en un edificio conventual preexistente.

El operario autor del hallazgo faenaba en unas obras de recableado que se despliegan en los sótanos del edificio parlamentario cuando halló los restos humanos entre dos columnas. Su hallazgo ha permitido conocer que bajo el hemiciclo parlamentario se oculta un verdadero bosque de fustes, con unas 40 columnas de ladrillo revestidas por sillares de granito de estilo pestum, en ocasiones de cuatro metros de altura por dos de anchura y uno de espesor. El lugar donde fueron encontrados los huesos mostraba a mediodía de ayer las cintas policiales -No pasar- que lo sellaban por orden judicial.

Las columnas proceden de la iglesia del Espíritu Santo erigida entre 1599 y 1684 con planta de cruz latina. "El templo perteneció a la Orden de los Clérigos Regulares Menores, asentada en España para expandir la doctrina conciliar de Trento", según explica el historiador Francisco Marín Perellón. Apoyados primero por el Caballero de Gracia, libertino convertido a la piedad que los alojó en su casa, los clérigos se instalaron luego en una casa de la marquesa del Valle, que ordenó la erección de la iglesia y el convento sobre el solar que hoy ocupa el Congreso. A los pies del templo, cuatro capillas albergaron durante los siglos XVII y XVIII varias criptas para enterramientos de algunas familias principales de Madrid, como la de Ambrosio Spínola -vecino de un palacio contiguo al convento- que fue inmortalizado por Diego Velázquez al recibir las llaves de una plaza flamenca en el cuadro La rendición de Breda.

Tras un revoco de fachada en 1816, un incendio, presumiblemente provocado, devastó en 1823 la iglesia conventual mientras asistía allí a misa el duque de Angulema, general en jefe de los 100.000 Hijos de San Luis, ejército mercenario enviado a España por la Santa Alianza para reprimir a sangre y fuego el liberalismo y reinstaurar a Fernando VII como monarca absoluto.

En 1834, el convento albergó las Cortes Generales. Arruinado en 1841, Narciso Pascual y Colomer edificó el actual palacio a partir de 1850, sobre la estructura precedente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 04 de febrero de 2009.

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