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Crítica:

La verdad es esquiva

Dramaturgo capaz de alternar el teatro de tesis con la construcción de una mitología urbana a la medida de su Bronx natal, John Patrick Shanley debió de salir tan escamado de su debut como director de cine -la demasiado excéntrica Joe contra el volcán (1990)- que ha tardado casi 20 años en volver a colocarse tras las cámaras: lo hace para adaptar uno de sus mayores triunfos teatrales -Doubt: a parable (2004), ganadora del Pulitzer y el Tony a la mejor obra dramática- y, quizás, para acariciar un Oscar libre de las sospechas de carambola coyuntural que recibió el obtenido por Hechizo de luna (1987), su primer guión de cine.

Es La duda una obra de ideas de corte clásico y trastienda provocadoramente contemporánea: una acusación (¿infundada?) de un (posible) caso de abuso sexual eclesiástico inspira un polifónico cuestionamiento de toda verdad inamovible, mientras da voz a todos los implicados en el drama. Destaca la secuencia en la que la candidata al Oscar Viola Davis da voz -y razonado fundamento- a algo inasumible: una defensa de la pederastia de alzacuello. Parece una película anacrónica, pero su fuerza vence todo prejuicio.

LA DUDA

Dirección: John Patrick Shanley.

Intérpretes: Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman, Viola Davis, Amy Adams.

Género: drama. EE UU, 2008.

Duración: 104 minutos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de enero de 2009