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Desolación en Sant Boi, que hoy entierra a los cuatro niños fallecidos

Los seis menores heridos y los dos monitores de béisbol están fuera de peligro

Los habitantes de Sant Boi de Llobregat (Baix Llobregat) se despertaron ayer con el mal cuerpo que deja haber vivido y tocado muy de cerca una terrible tragedia. "Estas cosas siempre las ves por la tele, pero ahora nos ha tocado a nosotros", resumía ayer José Luis Soto, vecino de la localidad.

El sábado por la mañana, los vecinos de Sant Boi se llevaron la peor parte del temporal de viento que barrió media España: el techo de un pabellón deportivo anejo al campo de béisbol cedió por la fuerza del viento -hay quien dice que lo que se produjo en aquella zona fue un tornado de corta duración- y arrastró en su caída dos de sus cuatro paredes. Trece personas quedaron sepultadas bajo los escombros. Murieron cuatro niños de entre 9 y 10 años: Xavi R., Mario H., Eric B. y Yoel R. Otro resultó herido grave y continuaba ayer en la UCI del hospital de la Vall d'Hebron, que informó de que no se teme por su vida. Todos pertenecen a las categorías infantiles del Club de Béisbol y Softbol de Sant Boi.

Los dos monitores que entrenaban a los niños, que por una fatalidad del destino retiraron a los menores del entrenamiento al aire libre para resguardarles del viento y les llevaron al pabellón que al poco cayó derruido, se encontraban ayer estables dentro de la gravedad. Los otros seis niños que quedaron sepultados bajo los escombros evolucionaban favorablemente en el hospital de Sant Joan de Déu: ninguno de los niños heridos conoce la muerte de sus cuatro compañeros.

"Estamos destrozados, hundidos. Es un trago para el que nadie está preparado", destacó el presidente del Club de Béisbol, Avelino Vázquez. El responsable del equipo pasó ayer el día visitando a los heridos y dando apoyo a los padres de los fallecidos. Familiares, amigos y gente del mundo del béisbol se acercaron hasta el tanatorio de Sant Boi a dar el pésame a las familias. "Eric B. era un niño muy querido en la clase. Será duro para sus compañeros", explicaba uno de los profesores de Eric. "Esto es horrible", reconocía el familiar de uno de los fallecidos, casi sin poder articular palabra.

Muchos vecinos se acercaron ayer al campo de béisbol donde estaba el pabellón en el que perecieron los niños. Todos en el barrio Camps Blancs, donde se ubica el estadio, conocen a alguien de su entorno que juega al béisbol, deporte muy arraigado en la localidad: "Yo entrenaba a dos de ellos, que antes jugaban al fútbol. Uno está grave y el otro se ha roto un brazo", explicaba un joven a las puertas del estadio, en cuyas instalaciones desiertas los escombros del pabellón derribado daban idea de la magnitud de la catástrofe. "He venido seis veces ya. Es que ni te lo crees", balbuceaba entre lágrimas Luis Morató. El sábado vio derrumbarse el pabellón situado junto a la pista de béisbol mientras almorzaba en un bar cercano. "No lo dudamos y fuimos enseguida al ver que caía el pabellón. Los niños estaban bajo tierra, se oían gritos, y empezamos a sacar como pudimos las piedras y los bloques de hormigón para salvar a algunos. Estoy desolado", recordaba.

El funeral conjunto -así lo han querido las familias- por los cuatro niños se celebrará hoy a las once de la mañana en el polideportivo Parellada de Sant Boi.Familiares y amigos de los niños fallecidos, ayer en el tanatorio de Sant Boi.

/ marcel·lí sàenz

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de enero de 2009