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Análisis:EL ACENTO

Más allá de la ropa

Hay mucho de cotilleo en el escrutinio al que ha sido sometida la familia del nuevo presidente estadounidense durante la ceremonia de toma de posesión. El examen adquiere tintes enfermizos en el caso del vestuario de Michelle Obama. Antes de los fastos se especuló con él hasta el hartazgo y, para la resaca, quedan las incontables copias que se harán y los debates absurdos: ¿el traje era verde o amarillo? Más bien limoncillo (lemongrass, en inglés), según su diseñadora, la cubana Isabel Toledo.

El análisis de las decisiones estéticas de la primera dama puede parecer una banalidad, pero es también uno de los pocos recursos disponibles para desentrañar algo más del carácter de una sonriente señora que despierta el interés global. Se podría indagar durante horas en el significado oculto de la ropa de su marido (quien juró el cargo con un abrigo de Brooks Brothers, igual que su admirado Abraham Lincoln), pero no hace falta. En cambio, ella, de momento, no habla. Su ropa, sí.

La elige siempre de negocios estadounidenses, pero en línea con la política de Barack aboga por la renovación. El vestido de noche que éste le pisó varias veces era obra de Jason Wu, un chico de 26 años, nacido en Taipei, que emplea a nueve personas en su taller en Nueva York. Carácter mestizo e independiente que comparte con los otros diseñadores a los que ha favorecido, influida por su tienda de confianza en Chicago, que ha ejercido de puente: Narciso Rodríguez (hijo de cubanos), María Cornejo (chilena) o Thakoon Paniachgul (tailandés).

El principal mensaje que Michelle lanza con su atuendo es seguridad y valentía. A diferencia de Carla Bruni, que ha conseguido el beneplácito de la crítica al convertirse en una apocada réplica de Jackie Kennedy, tiene su propia y singular forma de entender el cargo. Lo evidencia el optimismo de los colores atrevidos y las festivas joyas y también el pragmatismo que revelan significativos pequeños detalles. Al doblegar los códigos y los tópicos, y sin abrir siquiera su formidable boca, Michelle Obama modula un discurso que, sobre todo, suscita la esperanza de que su papel será notable y jugoso. Mucho más allá de la ropa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de enero de 2009