Cartas al director
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Palestina, nuestra vergüenza

360 kilómetros cuadrados. 40 kilómetros de largo por 10 de ancho. 1.400.000 habitantes. Así es Gaza. Desde hace unos días, la aviación israelí suelta todo su poderío devastador sobre esta franja gobernada por Hamás, una formación islamista radical que, a nadie se le olvide, ganó las elecciones de 2006 por mayoría absoluta. Israel dijo no y los Estados Unidos dijeron no. Europa, cobarde, calló, como siempre. Y fue así como, una vez más, Israel recibió carta blanca para continuar con su actividad genocida.

Ahora, ésta se recrudece mientras la ONU pide el cese de las hostilidades "a ambas partes". Cohetes caseros y casi inofensivos frente a misiles de última generación. Y, mientras tanto, la impunidad, con el alias de Israel, campa a sus anchas.

¿Con qué derecho cuestiona Israel el derecho de los palestinos a ser nación? ¿Con qué derecho les priva, además de todo, absolutamente todo, lo necesario para vivir? ¿Con qué derecho los somete a una represión continua, dentro y fuera de sus fronteras? En 1948, nació el Estado de Israel. No importó que palestinos, egipcios y otros pueblos debieran salir de aquellos territorios.

Claro que Israel tiene derecho a ser país y nación, pero lo que es inadmisible es que hagan realidad sus aspiraciones con las mismas armas y estrategias que se usaron contra ellos. Que no vayan de mártires y justifiquen así sus actuaciones porque, de esta forma, son mucho más despreciables que cualquiera de los regímenes más tiránicos que hoy gobiernan en el mundo. Y sus aliados, igual de cobardes y mezquinos, también. Que nadie lo olvide.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0029, 29 de diciembre de 2008.

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