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Obras eternas

"En la farmacia hemos vendido muchos tapones por el ruido"

La farmacia Lesseps, en la plaza del mismo nombre, lleva 20 años abierta. Y hasta hace poco sólo había sufrido un atraco. En octubre tuvo dos en 10 días. "La farmacia está en una esquina de la plaza y con las vallas de la obra cerrando la acera esto se ha convertido en un lugar inseguro. Esperemos que mejore cuando acaben", afirma la farmacéutica Mireia Bargalló.

El local está en el lado mar de la plaza, por donde antes pasaba un vial para acceder a la calle de Torrent de l'Olla y otro de acceso al túnel con salida a la avenida del Hospital Militar. "Lo empezamos a notar de dos formas distintas: al cerrar los viales, dejaron de parar coches por la noche -la farmacia está abierta a diario hasta las diez de la noche-, y con los desvíos de las aceras, también hemos perdido gente de paso. Es decir, nos hemos quedado sólo con los clientes de proximidad", explica.

En el mostrador de la farmacia, clientes y trabajadoras elevan el tono de voz cuando se abre la puerta. Cada vez que eso ocurre se impone una sinfonía de ruidos de máquinas -las que cortan las placas del suelo, las que sueldan la estructura de un pequeño anfiteatro- por encima del que hacen los coches.

Seis años de obras son muchos. "Es que llegan a cambiar el entorno y las personas evitamos pasar por sitios con todo patas arriba", añade. Muy cerca de la farmacia, en la calle de Pérez Galdós, hay varios locales con el letrero de "se alquila". Cuentan vecinos de la plaza que llevan así tiempo. "Esto no tiene nada que ver con la crisis. A ver quién se atreve a abrir un local con máquinas y zanjas por todos los lados", interviene una clienta.

La farmacéutica no ve con buenos ojos el resultado final de la urbanización. Confía en poder introducir reformas para mejorarlo y, sobre todo, espera que se revitalicen el comercio y la vida del barrio.

Explica que durante los años de las obras ha aguantado con la guardia hasta las diez de la noche para no perjudicar a los clientes del barrio, porque se trata de un servicio de proximidad. "Hasta algunos representantes me decían que no venían porque era un lío con el coche", se ríe.

Que el negocio se ha resentido de las obras lo tiene meridianamente claro. "¿Y en qué más se ha notado? Bueno, además de tener que limpiar constantemente, hemos atendido a bastantes personas que se caían o tropezaban y ha aumentado la venta de tapones de espuma porque muchos vecinos no podían dormir, sobre todo en verano", dice la farmaceútica, "y ahora, esperamos recuperar cierta calma". Será relativa porque las obras de la línea 9 del metro continuarán durante años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de diciembre de 2008