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Cosa de dos

Liberales

No parece que la famosa cumbre de Washington haya obtenido un éxito fulgurante. Quizá no fue una gran idea confiar la salvación de la economía mundial a estadistas como Bush, Berlusconi y compañía. O quizá estén en lo cierto los liberales. ¿Y si la banca se hubiera hundido por exceso de regulación? ¿Y si toda la culpa fuera del Estado? ¿Y si Esperanza Aguirre tuviera razón?

Algunos hechos evidentes respaldan las tesis del liberalismo. No cabe duda sobre cuál es el negocio más pimpante en estos momentos: los piratas de Somalia multiplican su facturación y crean empleo de forma incesante. Como se sabe, en Somalia no hay sindicatos ni salario mínimo, y el despido es totalmente libre. Tampoco se pagan impuestos, ni se soportan reglamentaciones asfixiantes por parte del Estado. En realidad, el Estado somalí no existe, lo que viene a suponer el nirvana liberal. Bastan una barca, unos fusiles y espíritu de iniciativa para convertirse en empresario de éxito.

Los piratas de Somalia no podrían ejercer sus actividades comerciales sin el apoyo de una banca libre. Por fortuna para ellos, cuentan con la hawala, la antigua pero eficiente red financiera del mundo islámico. En la hawala, ajena a esa burocracia de los bancos centrales y los políticos entrometidos, no existen activos tóxicos ni deudas hipotecarias. La inmensa clientela, que incluye desde profesionales liberales de todo el mundo (terroristas, narcotraficantes, piratas) hasta millones de honrados inmigrantes, se siente satisfecha y no alberga la menor duda sobre su solvencia.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que debe morirse de envidia ante la salud del sistema islámico, revela en un informe que los rescates percibidos por la piratería van a parar inicialmente a un intermediario de Dubai que cobra su comisión (libre de impuestos) y distribuye el resto del dinero a través de la hawala, que en cuestión de horas hace llegar a Somalia la suma correspondiente. Gracias a la ausencia de impuestos y absurdas reglamentaciones, el beneficio se reinvierte en nuevos barcos, nuevas armas y otros activos industriales.

Yo, por si acaso, voy a pedir a mi empresa que me envíe el sueldo a través de la hawala. Mientras haya sueldo, claro. egonzalez@elpais.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de noviembre de 2008