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OPINIÓN

Las malas compañías

El apasionado seguimiento de las elecciones presidenciales americanas en España y los restantes países de la Unión Europea, conmocionados por la crisis del sistema financiero y los síntomas de una profunda depresión llegados desde el otro lado del Atlántico, confirma el papel central desempeñado por Estados Unidos en la fijación del marco internacional donde se desenvuelven los demás actores. La rotunda victoria de Barack Obama -el primer negro que alcanza la presidencia de Estados Unidos- ha sido fruto de una impresionante movilización ciudadana a favor del cambio social y de la rectificación de las desastrosas políticas de Bush.

La repercusión específica sobre España de las elecciones de Estados Unidos será el restablecimiento no de unas relaciones diplomáticas nunca interrumpidas entre ambos países, sino de las relaciones personales suspendidas (o al menos circunscritas a cabezazos protocolarios en reuniones internacionales) entre sus dos presidentes a iniciativa de Bush, que castigó a Zapatero por haber retirado -nada más tomar posesión de su cargo tras la victoria socialista de 2004- las tropas españolas enviadas a Irak por el Gobierno del PP. El presidente americano sancionó el orgullo luciferino del jefe del Ejecutivo español con la misma pena que Dios todopoderoso reserva a los ángeles caídos: privarles de su augusta presencia. Zapatero, en efecto, nunca fue invitado a la Casa Blanca; y, menos aún, al rancho texano de Crawford. Durante la campaña electoral, sin embargo, Obama anunció ante millones de televidentes que, tan pronto como alcanzase la Presidencia, sacaría a Zapatero del cuarto oscuro al que había sido confinado.

La victoria de Obama asesta un duro golpe a la ideología 'neocon' hecha suya por el PP por medio de la FAES

Al teatro político español han llegado también las llamas del incendio wagneriano que ha dejado reducido a cenizas los decorados ideológicos del neoconservadurismo republicano. Un libro de Lluís Bassets recién salido del horno (La oca del señor Bush, Península, 2008) describe de forma excelente el auge y la caída de esa fracasada tentativa imperial de imponer la unipolaridad a un mundo globalizado, socavar las libertades civiles de la sociedad americana y violar los derechos humanos -Abu Ghraib, Guantánamo- de los ciudadanos de otros países en nombre de una supuesta guerra contra el terrorismo.

Los curas suelen advertir a los adolescentes sobre el peligro de frecuentar malas compañías. De nada le sirvieron esos consejos al anterior presidente del Gobierno: el oportunismo político, el ensueño infantil de posar con Bush en las Azores y la torpeza para distinguir entre ideas y tópicos hicieron de Aznar un devoto del catecismo neocon. Tras la victoria de Obama, sin embargo, los alquimistas de la FAES -la macrofundación millonaria del PP presidida por Aznar- tendrán más difícil la tarea de vender a su clientela las pócimas sangrientas o empobrecedoras de la guerra preventiva, la privatización del sector público y la desregulación como recetas mágicas para transformar la miseria en oro. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de noviembre de 2008