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CARTAS AL DIRECTOR

Azaña y Numancia

Continuando con el cambio de nombre de la villa toledana de Azaña en el que han coincidido en esta misma sección el señor Canalda (Los flecos de la memoria histórica) y el señor Fernández Cormenzana (¿Quién teme al lobo feroz?), me permito apuntar las siguientes notas que abundan en la perplejidad que me produce el temor al desconocido lobo.

Hace 10 años inicié una campaña de recogida de firmas de historiadores, escritores, directores y artistas de cine y teatro en apoyo de un manifiesto para la recuperación del nombre secular de la villa de Azaña, perdida en el año 1936 por mor de la voluntad de un milico del Regimiento de Numancia, como es bien sabido.

También escribí una carta al entonces presidente de la Comunidad de Castilla-La Mancha, el señor Bono, que me contestó con su habitual cortesía, pero que nada hizo, que se sepa, para llamar al orden a los concejales del PSOE que se oponían a una moción de la alcaldía (PP) para el cambio de nombre. El presidente del Gobierno, a la sazón José María Aznar, me contestó por carta de su jefe de Gabinete, Gabriel Elorriaga, dándome cuenta de los pormenores técnicos del cambio de nombre (pleno del Ayuntamiento, aprobación por la Diputación, etcétera), pero nada se hizo, que yo sepa, para orientar a un concejal díscolo de su propio partido que se negaba a secundar la iniciativa del alcalde para la restitución del nombre.

Alfonso Guerra, hace sólo cinco años, se puso en contacto con el Ayuntamiento, que le ratificó la tropelía del Regimiento de Numancia, si bien el alcalde del PSOE se había pertrechado para la ocasión con una pintoresca zarandaja, aún vigente: que iba a hacer un referéndum entre los vecinos que legitimara el cambio de nombre.

Y un apunte final: las tres cartas que dirigí al actual presidente de Castilla-La Mancha, el señor Barreda, en las que le daba cuenta de las patéticas circunstancias del cambio de nombre, interesándome por su apoyo, quedaron sin la menor respuesta.

Concluyo con el señor Fernández Cormenzana: ¿a qué lobo feroz tienen miedo Bono, Aznar, Barreda? ¿Serán sólo los jueces de la Audiencia Nacional los únicos en aplicar los principios últimos de la decencia y de la memoria histórica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de octubre de 2008