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Reportaje:

Los tatarabuelos de Perurena

Un aula itinerante introduce a los escolares vizcaínos en el pasado y el presente del prolífico pero poco conocido deporte rural vasco

"¿Sabíais que un segalari puede cortar 3.000 kilos de hierba en una hora? ¿Que la soka-tira no es originaria de ningún caserío vasco y que pudo surgir en Egipto? ¿Que fue un italiano el que, hace 150 años, introdujo la primera trontza en Navarra? ¿Que los barrenadores perforaban la piedra para introducir en su interior cartuchos de dinamita? ¿Que los australianos propinaron una soberana paliza a los imbatibles aizkolaris vascos la primera vez que midieron sus fuerzas? ¿Y que las carreras de sacos echan sus raíces en el contrabando por los montes que separan Navarra de Francia?".

Un tímido no, una mueca de incredulidad, un gesto de sorpresa o una carcajada traviesa dibujan el abanico de respuestas que obtiene Iñaki Mendizabal cada vez que traslada estas y otras preguntas a los estudiantes que visitan la exposición Herri kirolak Herriz herri. Esta iniciativa promovida por la Diputación de Vizcaya persigue un doble objetivo: en su vertiente más didáctica, dar a conocer el deporte rural vasco, su pasado y su presente; en un plano más pragmático, fomentar su práctica entre los jóvenes vizcaínos. Para lo segundo resulta imprescindible despojar a esta modalidad de esa aura, falsa en opinión de Mendizabal, que tiene de actividad brutal e inhumana. "¿Acaso no es exigente el ciclismo? La clave está en la medida. Del mismo modo que un niño de once años no juega en Primera División, a una niña de doce no se le exige levantar una piedra de 329 kilos", explica Mendizabal, periodista y responsable del proyecto que gestiona Kirola Hobetzen Taldea.

"¿Sabíais que la 'soka-tira' no es vasca sino egipcia?", plantea el profesor

El alumno levanta 'txingas' de 50 kilos y se afana con piedras y yunques

Natural de Berriatua y ex practicante de deporte rural, Mendizabal lideró hace años un aula itinerante dedicada a la pelota. Fue tal su éxito que la Diputación de Vizcaya quiso repetir la experiencia con el deporte rural, desde la soka-tira hasta el levantamiento de piedras, pasando por las pruebas de bueyes, el lanzamiento de fardos, la recogida de mazorcas o las carreras de sacos, prueba en la que los participantes corren con 80 kilos a la espalda.

El año pasado, 3.000 estudiantes visitaron el aula itinerante en Mungia, Markina, Balmaseda, Erandio y Arrigorriaga. "También acudieron 500 adultos pertenecientes a diferentes grupos sociales, culturales y deportivos. El aula está abierta a todo el mundo", invita Mendizabal. En el recién iniciado curso, la exposición interactiva se encuentra en la Casa de Cultura de Igorre, de donde viajará a localidades como Durango, Derio o Sopelana.

Mendizabal contacta con gran antelación con los ayuntamientos, y son éstos los que ceden el espacio durante los dos o tres meses que el aula permanece en cada destino. En ese tiempo, el coordinador del proyecto se dirige a los distintos centros escolares de la zona para animarles a participar.

Los estudiantes, de entre 10 y 18 años, visitan la exposición en horario escolar. "Hay de todo, pero por lo general su comportamiento es bueno", explica Mendizabal. Contribuye el carácter interactivo de la muestra. Allí, los niños levantan (algunos sólo lo intentan) una txinga de 50 kilos e izan, aunque sólo sea hasta la rodilla, un yunque de 18. También se aplican con una piedra esférica de 20 kilos. El hacha y la guadaña permanecen a una distancia prudencial.

La visita es tan sencilla como instructiva. Apoyado en paneles explicativos y en multitud de herramientas, Mendizabal relata al visitante el origen de cada modalidad, su evolución histórica y su momento actual. La exposición finaliza con la proyección de un novedoso y sugerente vídeo salpicado de imágenes antiquísimas y actuales. En ellas se puede comprobar tanto la evolución del deporte rural vasco como su técnica, un aspecto nada secundario.

"La gente cree que en el deporte rural todo es fuerza, pero la técnica es fundamental. Sin ella, [Iñaki] Perurena, que con dos manos logró levantar 320 kilos, no levantaría 267 con sólo una. Y sin técnica, tampoco Ion Olea Sakoneta lograría, pese a sus dos metros y 160 kilos, arrastrar una piedra de 1.100 kilos. Hasta la disciplina más simple exige cierto dominio técnico", recalca Mendizabal.

El caserío y la apuesta

Casi todas las variantes del deporte rural vasco provienen del duro trabajo en el caserío. Por ejemplo, la recogida de mazorcas de maíz (lokotx bilketa), los cortadores de hierba (segalariak) y de troncos (aizkolariak), el lanzamiento de fardos (lasto botatzea) o la competición de txingas (txinga eroate), que originariamente eran cantinas llenas de leche o pesos que se utilizaban en los molinos. Si estas actividades domésticas se trasladaron desde el monte y el caserío hasta la plaza del pueblo fue a lomos del ancestral y característico gen apostador de los vascos, que toma forma en los desafíos que vertebran su cultura deportiva. "Todas las disciplinas dicen mucho del carácter y del modo de vida de nuestros ancestros. También las que compartimos con otros pueblos, como el levantamiento de piedra o el corte de troncos con hacha, porque aquí esas pruebas son diferentes y mucho más duras. ¿Que los australianos cortan un tronco en posición vertical? Pues nosotros los tumbamos y cortamos seis, ocho, diez o veinticinco. ¿Que los canarios cargan con piedras de 180 kilos? Nosotros, de 300", dice Mendizabal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de octubre de 2008

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