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Así fue capturado Rodríguez Menéndez

Policías paraguayos corruptos ayudaron al fugitivo - El jefe de Interpol en Asunción fue relevado

El abogado madrileño Emilio Rodríguez Menéndez, huido de España el pasado agosto aprovechando un permiso carcelario, planeaba esconderse en Paraguay, según fuentes de la investigación. En ese país contaba con el apoyo de una red de policías corruptos. Ellos fueron quienes le alertaron de que la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de la Comisaría General de Policía Judicial española estaba tras sus pasos. Por eso, con ayuda de este grupo corrupto, se trasladó a Argentina, donde fue capturado el pasado jueves.

El letrado fue localizado porque su esposa telefoneaba a diario a su madre

La escapada del abogado comenzó el pasado 18 de agosto, cuando obtuvo del juez de vigilancia penitenciaria un permiso de cuatro días para salir de la cárcel de Teixeiro (A Coruña). Al día siguiente fue a la comisaría de la calle de Santa Engracia, en Madrid, y obtuvo un pasaporte sin problemas porque ningún juez había dado orden de que se le prohibiera salir de España, según fuentes policiales.

La mañana del día 20, recorrió varios juzgados de la plaza de Castilla para conocer el estado de los procesos que hay abiertos contra él. "Probablemente se dio cuenta de que su situación se le iba a poner fea... y decidió poner tierra de por medio", opina uno de los agentes que han participado en las pesquisas. Esa misma tarde, el abogado, su joven esposa, Vanesa Palomar, y su chófer, Daniel, tomaron un tren hasta Barcelona y desde allí prosiguieron viaje por carretera hasta Toulouse (Francia).

Al día siguiente, el matrimonio voló desde Toulouse a París, donde embarcó en un avión de Air France con destino a São Paulo (Brasil), desde donde saltó a Asunción (Paraguay). El día 23, el letrado y su esposa se alojaron en el lujoso hotel Guaraní, un establecimiento emblemático de la capital, donde pensaban quedarse una larga temporada.

Tras comprobarse que Rodríguez Menéndez no regresaba a prisión, la Sección 1ª y la Sección 17ª de la Audiencia de Madrid decretaron el día 25 sendas órdenes internacionales de busca y captura. El 29 de agosto, la Brigada Central contra el Crimen Organizado española detectó la presencia del fugitivo en Asunción, a través de unos cauces que las fuentes informantes rehúsan revelar.

El Ministerio del Interior ordenó que partiesen a Paraguay varios agentes del Grupo de Localización de Fugitivos. Pero no había billetes de avión disponibles y no pudieron hacerlo hasta el 31 de agosto. Ante tal contrariedad, se solicitó ayuda a Interpol-Paraguay para capturar al evadido. Un grupo de agentes paraguayos, ataviados con unos ostentosos chalecos que les identificaban como tales, entró en el hotel Guaraní cuando Rodríguez Menéndez y su esposa estaban desayunando. Los policías subieron con el matrimonio hasta su habitación... y poco después se marcharon como habían venido.

Las fuentes informantes creen que los agentes paraguayos estaban a sueldo del abogado y se limitaron a informarle de que la policía española le tenía localizado. Cuando el Ministerio del Interior conoció lo que había ocurrido era demasiado tarde: Rodríguez Menéndez y su esposa habían abandonado el hotel con rumbo desconocido.

La policía paraguaya se excusó ante sus colegas españoles diciendo que no habían detenido a Rodríguez Menéndez porque no era él, sino "un hombre que se le parecía" y que llevaba documentación expedida a otro nombre. Los investigadores rechazan de plano esta explicación y suponen que en realidad hubo por medio un buen fajo de billetes. No obstante, el escándalo le ha costado el cargo al responsable de Interpol en Asunción, que ha sido destituido, según los medios informantes.

Sin desanimarse, la policía española continuó las pesquisas y obtuvo autorización de un juez de Betanzos (A Coruña) para pinchar los teléfonos del entorno de Rodríguez Menéndez y de su esposa, Vanesa, una ex masajista madrileña con la que se casó hace tres años. Gracias a que ésta solía telefonear diariamente a su madre, la policía averiguó que la pareja estaba oculta en Argentina. ¿Pero en qué parte del país? Los pinchazos telefónicos acabaron fijando su posición: en Buenos Aires.

Andrés Diéguez, jefe de la Brigada contra el Crimen Organizado, y varios agentes del Grupo de Localización de Fugitivos volaron de Madrid a Buenos Aires, donde la Policía Federal detuvo al fugitivo el pasado jueves. Fue sorprendido cuando iba a almorzar a un restaurante al que se encaminaba desde el número 3086 de la calle de Raúl Scalabrini Ortíz, en Palermo, el barrio de moda porteño, donde tenía alquilado un piso. Durante su fuga ha adelgazado 25 kilos.

El apartamento no ha sido registrado ni va a ser registrado, según los investigadores, por lo que se desconoce si guardaba dinero o documentos. Rodríguez Menéndez compareció el viernes ante el magistrado argentino que lleva su causa, rechazó ser extraditado a España y pidió su libertad por problemas cardiacos. El juez ordenó su ingreso en prisión, mientras que España dispone de 40 días para tramitar su extradición.

Al detenido le defiende el abogado Julio César Strassera, quien actuó como fiscal en el histórico juicio contra las Juntas Militares que gobernaron Argentina entre 1976 y 1983.

Paraguay iba a expulsar al prófugo

La actuación de un grupo de policías paraguayos corruptos desbarató los planes de la Comisaría General de Policía Judicial española. Ésta, tras localizar en Asunción al abogado huido, había acordado con las autoridades paraguayas su expulsión del territorio nacional. Eso habría facilitado mucho las cosas, puesto que permitiría la inmediata entrega de Emilio Rodríguez Menéndez al Gobierno español. Pero con lo que nadie contaba era con la traición de unos agentes a los que pudo el dinero por encima del cumplimiento del deber. "Eso ha complicado su repatriación", según un inspector.

El letrado fue detenido en mayo de 2006 para cumplir una condena de dos años que le impuso la Audiencia de Madrid por difundir un vídeo de carácter sexual relacionado con el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez. En octubre de 2006, el Tribunal Supremo aumentó de seis a diez años de cárcel la pena que le había sido impuesta también por la Audiencia de Madrid por un delito continuado contra la Hacienda Pública entre 1990 y 1994.

Aun estando preso, "seguía trabajando como abogado, ya que despachaba a diario con un colaborador de su bufete, que se instaló en un hostal de Teixeiro con el pretexto de asistirle legalmente", según opinan fuentes policiales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de octubre de 2008

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