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Reportaje:

Verónica era Carmen

'El patio de mi cárcel' se estrena en Alcalá-Meco y algunas reclusas recriminan a la directora que no reconozca más claramente su inspiración

Era una leyenda. Guapa, rebelde, yonqui, y muy actriz. Una líder. Entró en la cárcel por atracar bancos a mano armada, y cuando salía del talego, no tardaba ni tres días en volver. Al cabo de unos años murió de sida. Su abogada cuidó de su hijo y terminó quedándose con él. Todo eso era aquella Carmen que vivió entre rejas en los ochenta. Lo cuentan emocionadas las que la conocieron y las que han oído hablar de ella. Y todo eso es también Verónica Echegui en la película El patio de mi cárcel, la ópera prima de Belén Macías. Una directora que, sin quererlo, se vio ayer metida, en el estreno de su película en la cárcel de mujeres de Alcalá-Meco (655 presas), en un debate sobre lo que puede considerarse inspiración y lo que debe reconocerse como basado en la realidad.

La película de Macías cuenta la historia del grupo teatral de reclusas Yeses, fundado por la funcionaria Elena Cánovas en 1986 y que todavía se sube a los escenarios de la cárcel de Alcalá-Meco. Teatro por y para reclusas. Fue y sigue siendo un éxito. Pero esa historia ya está contada. Macías se interesó por ellas y quiso hacer la película. Y la hizo con la producción de Pedro Almodóvar. Y ayer la estrenó entre rejas. Pero algunas reclusas y trabajadoras de la cárcel le recriminaron, tras felicitarla, que no se hubiera reconocido más explícitamente la fuente de inspiración.

"Me he emocionado viendo la película. Pero Isa (el personaje de Verónica Echegui), era Carmen. Es idéntica, decía las mismas cosas. Es su vida. ¿Por qué no lo habéis dicho? Verónica nunca sabrá el papelón que ha hecho", soltó en pie Alicia, una profesora de plástica de la cárcel.

Y ahí la directora, rodeada de algunas actrices de la película (Blanca Portillo, Candela Peña y Verónica Echegui no acudieron) y de las actrices de Yeses, se puso a la defensiva. Y dijo que no, que Carmen era un 20% del personaje y que el resto estaba inspirado en otra gente. Y que ya se reconocía la inspiración de Yeses en los créditos. Además, justificó, dar el nombre real de la chica también hubiera sido un problema de derechos de autor.

Pero insistió una reclusa, una actriz de la compañía. "Me gustaría que hubiera un reconocimiento real a Yeses. La película no está inspirada libremente, como se dice, está basada en ella. Y a Elena (la fundadora de la compañía, que estaba sentada en el escenario), me la ponéis un poco monjil".

Ahí quiso intervenir la productora de la película, que ni siquiera estaba subida al escenario para participar en el coloquio y a la que no iba dirigida la pregunta. Y dio su opinión. "Nos da un poco de pena que digáis que no os ha gustado...". Algo que nadie había dicho. Y luego reconfortó a las reclusas diciéndoles que el reconocimiento lo obtendrían cuando la película viaje por todo el mundo, incluido Japón. Que está muy lejos, le faltó decir.

Elena Cánovas, la madre de Yeses, que es autora del 15% del guión, no dijo nada durante el coloquio. Ponía cara de circunstancias. "Cuentan la historia de Yeses. Eso no lo niegan, otra cosa es que digan que lo han ideado todo. No es así. Las chicas se han emocionado al oírlo. Por eso algunas han saltado", explicó al término de la sesión. "Es que la película es un calco de la historia de Yeses. Y hay que reconocerlo, porque si no es cuando hay mal rollo", decía Estrella Montero, reclusa y actriz de la compañía.

Al margen de la polémica, las internas lo pasaron muy bien. Se desternillaban. Acudieron unas 250. Y reconocieron muchas cosas de su vida. Pero la cárcel ha cambiado. Ahora las reclusas son más jóvenes (la media de edad es de 27-28 años) y "no hay tanta violencia", explicaba Elisabeta, una italiana (el 45% son extranjeras) presa acusada de encubrir un homicidio.

De Barajas a la cárcel, y ahí 10 años. La historia de siempre. Lo cuenta una interna en la película. Todo el auditorio soltó una carcajada. El 90% de las reclusas de Alcalá-Meco está condenada por tráfico de drogas. Como Eva, que llevaba "viajando" cinco años, y un día, porque quería llegar a tiempo a Andorra a un cumpleaños, cambió su vuelo y pasó por Barajas y no por El Prat. Venía de Argentina y traía con ella cinco kilos de coca. Le cayeron 15 años. "Y del aeropuerto a la cárcel". Le queda mucho por cumplir. Y para ese tránsito ayuda mucho el teatro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de septiembre de 2008