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Nace un nuevo espacio escénico público

Una joya arquitectónica y cultural que el público no probará hasta 2009

Los nuevos Teatros del Canal se inauguran sin programación inmediata

Tres inmensos cubos con fachadas en negro, rojo y blanco que simulan telones esconden un gran teatro semicircular con 851 butacas, un teatro rectangular configurable (sus butacas se recogen) para un aforo de 722 localidades y un centro de danza con 12 aulas. Son los Teatros del Canal. Más de 35.000 metros cuadrados de complejo cultural que ha costado 100 millones de euros (76 millones la edificación y 24 el equipamiento escenotécnico) y que -como resaltaron ayer las autoridades- supone para el público/contribuyente madrileño una recompensa: "Espectáculos para todo el mundo, libertad de creación, nuevo icono arquitectónico de la capital, un referente internacional de las artes escénicas...". El lujo de Chamberí podría llamarse una zarzuela homenaje. Pero el espectáculo inaugural se llama A (de agua) y es pop sinfónico firmado por Nacho Cano.

La inversión en este gran complejo escénico es de 100 millones de euros

Una placa de metacrilato con unas letras azules dice que "el 22 de septiembre de 2008 la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, inauguró oficialmente los Teatros del Canal". Pero el público no verá la placa ni disfrutará la actividad escénica que bullirá en la confluencia de Cea Bermúdez con Bravo Murillo. La inauguración real no podrá vivirse aún. ¿Motivos? Los pasos que hay por dar. Está nombrado el director artístico, Albert Boadella (que no estuvo ayer en el momento placa). Pero falta asignar la gestión de las salas y ésta saldrá a concurso. El trámite pasa por su presentación en la Asamblea regional y por el estudio y la elección de los candidatos que cubran los requisitos. Además, en diciembre finaliza el contrato de los trabajadores del Albéniz, actual sede escénica de la Comunidad. Mientras éstos se incorporan, pues llega 2009.

Aunque parezca que hay vida en los Teatros del Canal -la inauguración oficial y la gala para vips de la cultura y la política de hoy-, el público de a pie, ese que ayer preguntaba si había folletos y que cuándo compraban entradas para las funciones, no podrá sentarse en las butacas "por lo menos hasta febrero", calculan en la Consejería de Cultura, que asume la tutoría de los teatros una vez terminadas las obras.

Ayer resonaron palabras de alabanzas por los escenarios de los coliseos -qué fantasías escénicas pueden tener en las salas de danza los artistas que no encuentran locales de ensayo-. Como ecos de la Copa Davis, las pelotas de satisfacción "por el compromiso con Madrid" y la "utilidad social" iban del alcalde a la presidenta. Esperanza Aguirre despidió ayer su discurso con un "¡Arriba el telón!". Alberto Ruiz-Gallardón recordó cómo se puso la primera piedra el 28 de octubre de 2002 con el "¡Mucha mierda!" de la suerte escénica.

El alcalde, ex presidente regional, piropeó a la concejal de las Artes, Alicia Moreno, como hada madrina cuya "visión" fue la varita que movió el proyecto. Y en verdad fue movido: salpicó al arquitecto, Juan Navarro Baldeweg. Ganó el concurso de las obras en 2002 y en octubre de 2007 le llegó un fax de Aguirre con la rescisión del contrato, pero las aguas volvieron a su cauce. En medio, piedras de retrasos (las obras tenían que haber terminado en 2004) y acusaciones de sobrecoste. ¿Respira tranquilo ya? La respuesta del arquitecto santanderino era silente, tan sólo una sonrisa tímida, intensificada al ver su obra. Madera, hormigón, granito, acero y vidrio en espacios diáfanos que atrapan la luz, gran protagonista, incluso ayer, en un día nublado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de septiembre de 2008