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Cosa de dos

Campos

Entre mis rarezas figura una vaga simpatía por María Teresa Campos. No me gustan sus programas, quizá no me gusta ni ella. Pero siento alivio cada vez que la veo en pantalla: mientras en todas partes se arroja a la gente con más experiencia al muermo de la jubilación anticipada, mientras los programas se pueblan de jóvenes "floreros" y "floreras", meramente decorativos y dependientes del guión hasta para dar los buenos días, María Teresa Campos es veterana y escasamente decorativa.

Con eso me valdría. Pero, además, la señora es lista. Y bocazas, una condición con la que me identifico. Su regreso a Tele 5 y su nueva etapa como conductora del espacio matutino La mirada crítica, después de aquellos sonoros "imbécil" y "gilipollas" que le dedicó desde Antena 3 al consejero delegado de Tele 5, Paolo Vasile, entraña un doble mérito: de ella, por saber tragarse sus palabras (ayer, en una entrevista a El Mundo, engulló el sapo a toda plana), y del propio Vasile, por ser consciente de que casi nada de lo que se dice en televisión tiene importancia.

María Teresa Campos quiso iniciar su nueva etapa con los mejores augurios, por lo que invitó al programa al hombre más optimista de España. José Luis Rodríguez Zapatero, que además de repartir optimismo ejerce como presidente del Gobierno, hizo honor a su prestigio y definió la crisis, o la posible recesión, como "unos meses de dificultades". ¿Verdad que dicho así ya parece otra cosa?

En otros países, gobernados por agoreros, las cosas están de pena. El Gobierno británico, sin ir más lejos, considera que la actual es la peor crisis en 60 años (es decir, desde el racionamiento de la posguerra), y tiene ya al Ministerio del Interior preparándose para afrontar un aumento de la delincuencia estimado en un 20%, un aumento de la xenofobia y un aumento de las tensiones sociales.

José Luis Rodríguez Zapatero anunció que iría al Parlamento a explicar sus planes para reducir "el riesgo" de que suba el paro. Es un gesto que le honra. Otro no se tomaría la molestia, porque "unos meses" pasan en nada, y casi sin sentirlo volveremos a echar cuentas sobre los trillones que vale nuestro piso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de septiembre de 2008