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CARTAS AL DIRECTOR

Nacionalismos

He leído que el siglo XXI será el de los nacionalismos. Cierto o no, parece evidente que en el origen de los recientes sucesos de Georgia, y en el de otros muchos conflictos bélicos, como los de los Balcanes y otros, está el problema de los nacionalismos; sean éstos de carácter periférico o centralista. También influyen decisivamente en algunos de los males que aquejan a nuestro país, como el del terrorismo de ETA o las discrepancias por el sistema de financiación de las diferentes autonomías. No estoy en contra de los nacionalismos, pues me parece natural defender la propia identidad y todo lo que la determina o configura, como la lengua, la cultura, el territorio, etcétera, siempre que se tenga bien claro que ni el territorio, ni la lengua, ni los pueblos globalmente considerados, tienen derechos; los titulares de los derechos sólo son las personas. Como también son las personas físicas y jurídicas de una determinada comunidad las que pagan impuestos, y no la comunidad como tal. Cuando esto se olvida y se supeditan los derechos personales a los supuestos derechos de la nación -se entienda ésta como se entienda-, ese nacionalismo se exacerba y puede ser causa de todo tipo de aberraciones. Como lo son cualquier forma de guerra o de violencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de septiembre de 2008