Dénia se consolida como segundo puerto de pasajeros con Baleares

El Consell ha retrasado la construcción de una estación centralizada

Hace un milenio, Dénia fue uno de los puertos más importantes del Al-Andalus: desde él partieron en 1018 las tropas del rey islámico Muyahid a bordo de una grandiosa flota que acabó por conquistar las Baleares. Pues bien, mil años y muchos avatares después, éste sigue siendo el puerto de las oportunidades.

Las cifras son elocuentes. En 1990, cien mil pasajeros utilizaban Dénia para viajar a Mallorca e Ibiza. En 2007 fueron 400.000. Su privilegiada situación geográfica, a apenas 70 millas de Ibiza, y la apuesta que desde hace lustros han hecho por él las principales navieras, han permitido al puerto de Dénia competir sin ningún tipo de complejo con las dársenas más importantes del Mediterráneo. De hecho, supera en un 50% en tráfico a Valencia y en un 40% a Alicante. Sólo Barcelona le supera. Por ahora. Dentro de ocho años, en 2015, la propia Consejería de Infraestructuras espera que Dénia alcance los 600.000 pasajeros.

Pero una cosa son los buenos deseos y otra las acciones decididas para seguir creciendo. Este puerto acumula un largo rosario de problemas y, sobre todo, de falta de inversiones desde el Consell, la administración de la que depende, hasta el punto de que, por increíble que parezca, aún no tiene una estación centralizada de pasajeros, cuya construcción se ha ido retrasando año tras año. Debía haber estado concluida en 2008. Aún está en obras.

La nueva fecha que ha dado ahora la Consejería de Infraestructuras para su inauguración es la de mayo de 2009. Cuando por fin funcione, el nuevo edificio debe cambiar la imagen del puerto: completamente acristalado e inspirado en la terminal de Drassanes de Barcelona, aspira a convertirse en un hito urbanístico para la ciudad, visible desde el Castillo o desde el emblemático Raset. Va a costar once millones. Con la estación, Dénia quiere consolidar el flujo de pasajeros que vienen desde Castilla la Mancha, Madrid e incluso Andalucía para embarcarse rumbo a Ibiza o Mallorca, y evitar que se vayan a Valencia. También se ha de urbanizar el entorno, cuya estética se encuentra muy deteriorada entre el tráfico constante de viajeros, automóviles y camiones.

Con una de las ofertas de veleros y yates de recreo más importantes de la Comunidad Valenciana y una flota pesquera de reconocido prestigio -en su lonja se subasta la famosa gamba roja-, éste es un puerto con magníficas perspectivas, pero el Consell aún tiene pendiente una reordenación general de toda la dársena, con un gran paseo peatonal, dotaciones culturales y una mejora de la fachada marítima. Durante años, la Generalitat le dio largas en estas demandas al gobierno de la socialista Paqui Viciano, pero ahora se ha comprometido a concretar ese plan con el ejecutivo de la nueva alcaldesa de la población, la popular Ana Kringe.

Un último obstáculo ha sido la mala imagen del puerto que ha dado una de las navieras que operan en él, Iscomar, con continuos problemas durante este verano por culpa de las averías y de las inmovilizaciones de sus buques. Esta circunstancia ha provocado el malestar no sólo de más de seis mil usuarios afectados sino también de las otras compañías que compiten con Iscomar.

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