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Barcelona es la ciudad más cara de España para alquilar habitación

El realquiler de algunos dormitorios está inflado por los propios inquilinos

El elevado precio de la vivienda lleva a buena parte de los jóvenes mileuristas a vivir en pisos compartidos y generar todo un mercado de alquiler alternativo: el de las habitaciones, que ya no se dirige sólo a los estudiantes. Los inquilinos tienen una media de 27 años y este mercado tampoco es barato.

Alquilar una habitación en Barcelona cuesta una media de 380 euros al mes, un 5,6% más que hace un año, por encima de Madrid. En la capital madrileña el precio medio se sitúa en 371 euros y además registra un descenso del 0,5%, según un informe del portal idealista.com, que dispone de una amplia oferta inmobiliaria en toda España.

Un cuarto cuesta una media de 380 euros al mes, un 5% más que en 2007

Algunos de los precios han vivido su particular proceso especulativo: un joven alquila la vivienda por un precio y, al buscar compañeros de piso, no divide el precio del alquiler a partes iguales. En esta web, ayer mismo se anunciaba una habitación en la plaza Llibertat, en el barrio de Gràcia, por 850 euros al mes.

Gonzalo Bernardos, el director del Máster en Asesoría y Consultoría Inmobiliaria de la Universitat de Barcelona, lo describe así: "Hay dos caseros, el dueño de la vivienda y ese primer amigo que se ha independizado y alquila la habitación sobrante. Y a veces se aprovecha bastante. Y eso sería motivo de rescisión de contrato de alquiler por parte del dueño, claro".

En su opinión, la práctica del piso compartido ha pasado de ser exclusivo de los estudiantes a algo habitual en jóvenes trabajadores e inmigrantes, que "ven que con 500 euros sólo podrán alquilar un cuchitril, pero si se juntan con otro, con 1.000 euros, pueden tener algo muy digno".

Para Bernardos, un estudiante que llega a Barcelona y alquila una habitación con derecho a cocina, "es muy probable que pague 500 euros". Y es que la media de 380 euros al mes en Barcelona, como todo promedio, oculta los extremos. Que en el barrio de Nou Barris, el más económico, cuestan unos 320 euros mensuales y en el de Ciutat Vella, el más caro, 416 euros.

Pero Elena, nombre ficticio, cumplía perfectamente con este promedio. Pagaba 380 euros al mes por una habitación en el centro de la ciudad, en la esquina de la calle Aragó con Rambla de Catalunya. "Pero me acabo de cambiar porque era muy caro, nunca supe el precio total del piso, pero yo creo que entre todos pagábamos más de lo que valía".

En estos casos, el compañero de piso que se queda la diferencia y que, por tanto, infla el precio de la vivienda para ayudarse a pagar el alquiler, es aquel que tiene el contrato a su nombre. La web idealista.com pregunta a los interesados si son hombre o mujer, si tienen mascota, si fuman y si prefieren compartir piso con gays o lesbianas.

La mayoría de los pisos son mixtos (45,6%), seguidos de las viviendas ocupadas únicamente por mujeres (33,2%) y aquellas en las que sólo viven hombres (21,2%). En cuanto a las preferencias por edad de las personas que buscan habitación, el 31% prefiere pisos con habitantes mayores de 26 años, y el 27% viviendas con gente que esté por debajo de esa edad. No obstante, para el 42% la edad de sus compañeros "no es relevante".

A la mayoría de las personas que buscan piso compartido no les importa que sus compañeros sean fumadores (68,1%), pero las mascotas tienen la puerta cerrada a cal y canto en el 80% de los casos.

Especulación de bolsillo

"Una cosa es alquilarle el piso a un amigo, o al amigo de un amigo, y otra a un desconocido que está de paso y que no ha pagado muebles, ni Internet, ni nada", explica una joven treintañera que vive en un piso de alquiler en el Eixample barcelonés, cerca del Hospital Clínic.

Lo ha compartido desde 2004 con una buena amiga y una tercera persona que iba cambiando más o menos cada año. Uno de estos años, entre el alquiler y los gastos, en la cuenta del piso ingresaban unos 750 euros al mes. Y de éstos, las dos amigas aportaban 200 euros cada una, mientras que la otra compañera, estudiante italiana de paso por Barcelona, pagaba 350 euros. Otros años, la diferencia era menor: ellas pagaban 200 euros y la otra 300.

"Pero nosotras nunca nos quedamos con ese dinero, se quedaba en la cuenta del piso y servía para sufragar pequeños arreglos, cambios de electrodomésticos y cosas así que la otra no pagaba", recalca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de agosto de 2008

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