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Editorial:

Resfriado turístico

La caída del número de visitantes extranjeros en julio inquieta y exige reflexión

Como era lógico, el turismo, la primera industria de España, se ha contagiado de la crisis económica nacional e internacional. El problema es que el resfriado es fuerte y que los remedios no se adivinan con efecto a corto y medio plazo. La entrada de turistas extranjeros cayó un 8% en julio -623.000 menos que en el mismo periodo de 2007-, el mayor retroceso en 13 años. Julio suele ser el mes por excelencia de visitantes foráneos. Ninguna comunidad autónoma se ha salvado, pero es en Cataluña y Andalucía, los mayores focos tradicionales de llegadas, donde menor fue la afluencia.

Nada hace prever que la tendencia se altere en agosto y septiembre a tenor de las perspectivas pesimistas de la economía europea, especialmente de los países que son los principales emisores de turistas a España (Reino Unido, Francia, Alemania e Italia). Hosteleros y restauradores afirman que su actividad decreció entre un 25% y un 30% en julio. Y la demanda interna no es capaz de compensar este descenso. Las malas expectativas para el tercer trimestre se trasladan a los consumidores, que no saben qué se encontrarán a la vuelta del trabajo. Por tanto, hay motivos para sentir gran inquietud sobre la situación de un sector que hasta ahora podía presumir de un crecimiento sano y sostenido.

El turismo representa más del 10% del PIB español y da empleo a cuatro millones de personas. Los malos datos agravarán el abultado déficit comercial, que ha aumentado un 11,4% en el primer semestre del año e incrementarán el paro.

El secretario de Estado del ramo, Joan Mesquida, reconoció ayer que hay razones para la preocupación, pero se mostró esperanzado de que el Plan Renove anunciado por el Gobierno dé frutos. Sin embargo, el plan para renovar las infraestructuras turísticas y hoteleras no será sencillo de poner en marcha, pues exigirá acuerdos con los gobiernos regionales.

El turismo español evidencia señales de agotamiento. La actual coyuntura debe obligar a reflexionar. El sector hace bien al recordar que los planes de excelencia que se han ejecutado hasta la fecha apenas han servido para renovar el mobiliario urbano y mejorar la señalización del destino turístico. Tampoco vale saldar la cuestión con subvenciones para reformar los establecimientos. Sin un entorno, unas infraestructuras y una oferta complementaria de calidad, los destinos seguirán siendo de bajo coste y sensibles a futuras crisis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de agosto de 2008