Análisis:DESDE EL TENDIDO | Días de diversiónAnálisis
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El toro de Bilbao y los toreros sin duende

Por fin, en la tarde de ayer apareció por chiqueros el toro de Bilbao, eje y sentido de las Corridas Generales, cuando llevábamos buscándolo desde la corrida de El Ventorrrillo, lidiada el pasado martes. Lo hizo de la mano de un ganadero como Ricardo Gallardo, debutante en Vista Alegre y propietario de la divisa de Fuente Ymbro, que, por su fortaleza anímica, lo directo de su mensaje y la claridad de su exposición, podría pasar perfectamente por habitante del bocho.

Su alquimia ganadera se construyó sobre la base de una ganadería señera como Jandilla, que suele dotar de éxito a las vacadas construidas desde su tronco, a partir de la cual Gallardo ha ido modelando la ganadería dotándola de una casta que procede de su personal impronta, lo que le ha permitido hollar la cima de las ganaderías cotizadas.

Su alquimia se construyó sobre la base de una ganadería señera

Fieles exponentes de la vacada gaditana saltaron ayer al coso de Martín Agüero. Corrida terriblemente encastada, cumplidora ante los varilargueros, que galopó alegre en banderillas y llegó al último tercio derrochando transmisión, prontitud y posibilidades para la terna.

Sorprendió cuando se hicieron públicos los carteles de las Corridas Generales que ninguna figura estoquease los Fuente Ymbros, cuando por el encaste de procedencia, Domecq, y ser una ganadería a la que no hacen ascos en otros ciclos su presencia entraba dentro de las quinielas.

La realidad es que la Junta Administrativa se las vio y deseó para, una vez contratada la ganadería, encontrar tres espadas que, dentro del ramillete de potenciales actuantes, diesen el paso adelante. Quizá la explicación pueda estar en el volumen y en lo ofensivo de la corrida que, también hay que decirlo, no se comió a nadie.

Así, el cartel se cerró con un Pepín Liria que anda en temporada de recogida de todo lo sembrado en sus 15 años de alternativa y no se encuentra para estos tientos; Juan Bautista, torero francés de sensacional corte, pero con una trayectoria profesional con más dientes de sierra que el instrumento de un segalari, y El Fandi, que personifica la versión populachera y vulgar de la fiesta, absolutamente alejada de los cánones heterodoxos de la tauromaquia.

Especial atención debe prestarse a Bautista, en quien al inicio del paseíllo se concentraban las esperanzas de los aficionados de levantar artísticamente el festejo. Dotado de un toreo de corte clásico muy del gusto de la afición y que le dota de cartel suficiente para las plazas de primer nivel, ve cómo se le escapa la temporada en la búsqueda de un duende que ya le abandonó nada más debutar como matador o, cuando tiempo después de obtener sus primeros triunfos importantes, cortó la temporada aquejado de problemas personales.

La pasada temporada vivió su resurrección, con triunfos en plazas importantes como Madrid o Bilbao, pero la tarde de ayer, en la que deambuló por el gris albero de Vista Alegre, sirve para reflejar el devenir de una temporada en la que a estas alturas se encuentra ahíto de sinsabores.

Como quiera que a Liria el duende se le fue evaporando a golpe de los apretones sufridos a lo largo de su carrera por las alimañas a las que se ha tenido que enfrentar y que El Fandi nació sin él, el pobre resultado artístico quedó expresado a las mil maravillas por la conversación mantenida por dos aficionados al finalizar el festejo: "¿Toros? De Bilbao. ¿Toreros? Sin duende".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 23 de agosto de 2008.