La ofensiva terrorista

Más protección para Getxo

El consejero vasco de Interior, Javier Balza, se reunió ayer en Getxo con el alcalde de este municipio vizcaíno, Imanol Landa (PNV), para coordinar las acciones de la Ertzaintza ante el ensañamiento de ETA con esta localidad, que estaba entre los objetivos del comando Vizcaya.

Balza anunció un incremento de las medidas de seguridad en los puntos de riesgo de la ciudad, recurriendo a pivotes para impedir el paso de vehículos y evitando colocar papeleras que podrían camuflar bombas. El consejero recordó que, en lo que va de año, los agentes han realizado allí 6.000 horas extras de servicio y que seguirán aumentando.

"Getxo es un pueblo tranquilo donde se vive muy bien. Todo el mundo entra en alarma cuando hay un aviso de bomba. Lo vemos todo como una agresión", comentaba ayer con indignación Esteban Goti, de Gesto por la Paz. Goti se llega a cuestionar incluso si los simpatizantes de la izquierda abertzale quieran vivir allí en tensión.

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"Es triste decirlo y no debería de ser así, pero los atentados ya forman parte de nuestra normalidad". Así hablaba Marta, empleada de la heladería Aberasturi, quien no puede olvidar la explosión de un coche bomba en abril de 2002 cerca del local. "Era desconcertante, el humo negro, el miedo... No sabía cómo reaccionar".

Txomin, según el nombre que ha elegido para contestar, es un argentino que lleva siete años en el País Vasco y cuatro meses en Getxo. Ya le han tirado huevos en el batzoki (sede social del PNV) de Matiko, donde trabajaba, y hace poco fue objeto de una pintada intimidatoria: "Argentino confidente". Dice que "falta madurez política y que las reclamaciones de los violentos no son más que chiquilinadas". "En mi tierra te matan por un par de zapatillas", dice.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 29 de julio de 2008.

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