Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Una casualidad de la leche

"No he ordeñado en mi vida y los cuernos de la vaca me dan miedo", dice Jesús Lence

El dueño de Leche Río, una empresa que cada año coloca en el mercado 400 millones de litros de leche, "está al fondo", indica un empleado en las oficinas de la planta Ceao I. Al fondo, tras la puerta, no recibe una secretaria ni mandan esperar. Jesús Lence (Castroverde, 1940) interrumpe la firma de un montón de cheques cuando se apercibe de la visita.

El móvil no le da un respiro durante la conversación. El tono es la melodía de Ennio Morricone compuesta para La muerte tenía un precio. Él gasta fama de campechano y de guasón. También es considerado un rival imperturbable en un sector tan maleable como el lácteo.

Lence llegó al negocio por casualidad. El padre había sido maderero y regentado un garaje en Lugo. Jesús Lence se hizo perito, pero en 1963 montó una estación de servicio en O Corgo. "Había un transportista de Valencia que hacía la ruta Vegadeo-León para leche ALI. Le fue mal y me pagó la deuda del gasóleo con tres Barreiro 115 cisterna. No tuve más salida que meterme en este negocio". Corría el año 1965. "No he ordeñado una vaca en mi vida". Lo más cerca que estuvo de una fue durante una sesión fotográfica para la revista de baloncesto Gigantes cuando presidía el Leche Río Breogán. "Me pedían que me acercase y que le tocase un cuerno, pero los cuernos me daban muchísimo miedo".

Empezó a trabajar en el sector lácteo por una deuda de gasóleo

El empresario sueña con que "Galicia sea la despensa de España"

No le amedrentó continuar con la ruta Vegadeo-León. Renovó la flota, compró cinco camiones de mayor capacidad y sufrió el primer revés. "Kraft compró Industrias Lácteas Leonesas y me quedé sin ruta". Reacciona transportando leche de Francia. "Pasamos de cinco camiones a 15 tráilers. Iba todo sobre ruedas, pero el Gobierno español frenó la importación en el 1975. Intenté vender los camiones, pero no hubo manera. Esta experiencia me permitió tener conocimiento de todo el sector lácteo francés y español". En Galicia la leche se recogía en bidones y Lence ofrece a los ganaderos almacenar en tanques de frío. "Fuimos los primeros. Resultó un gran acierto".

Y de aquel brete por una deuda de gasóleo resultó la primera planta en Vega de Anzuelos, inaugurada en 1981. El grupo cuenta ahora con dos más en el polígono de O Ceao y una cuarta, Leyma, en A Coruña. Esta empresa se la compró a Puleva hace tres años por 2.000 millones de pesetas. "La inversión para modernizar las instalaciones se fue a 1.500, pero Leyma pasó de producir tres millones de litros mensuales a diez", comenta con orgullo.

"Como la mayor parte de los empresarios gallegos, yo también empecé de cero. No hay milagros. Galicia tenía mucha materia prima y había que industrializarla". Su apuesta fue exprimir la ubre de la marca blanca. "Excepto a Mercadona, le servimos a casi todas las grandes superficies".

A punto de cumplir 68 años, y con los hijos garantizando una sucesión tranquila, responde con otro aforismo de su cosecha cuando se le pregunta si no se plantea la retirada: "Lo importante es estar ocupado, no preocupado". El móvil no le permite estar desocupado un instante. El estrés de un sector en protesta continua se lo sacude con unos largos en la piscina de su chalet. Los fines de semana los gasta en A Coruña con su pareja. También viaja con frecuencia a su residencia de Tenerife. "Soy de gustos sencillos, aunque me gustan los coches y las motos". Hace unos meses se encaprichó de un Porsche 911. "Me llevé un susto y lo cambié al día siguiente por un Cayenne".

Con el susto en los huesos continúa Rufo, su perro, por una protesta de ganaderos en la puerta de la fábrica por la bajada de los precios. "Quemaron el carro de la entrada, lanzaron petardos y el perro lo pasó fatal". Lence encara cualquier tema por los cuernos. Ha sido condenado por delito medioambiental. "Y estoy pendiente de otro juicio, pero no tengo culpa de la muerte de los peces".

Este empresario de la leche defiende 200 puestos de trabajo directos y aspira continuar medrando. "Quizá tengamos que hacer una planta en el centro de la Península". También sueña con que "Galicia se convierta en la despensa de España". Para conseguirlo "es muy interesante el proyecto de banco de tierras que propone Suárez Canal".

Jesús Lence acompaña la visita hasta la salida de la planta. Suelta la última reflexión: "No hay un negocio malo con un gerente bueno". El teléfono vuelve a sonar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de julio de 2008