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Análisis:Cosa de dos

Familias

La familia es una institución benefactora que cobija a una buena parte de la humanidad. Y, en contra de la literatura más babosa sobre la misma, también es, lo estamos viendo en las series norteamericanas, un santuario para mafiosos, amas de casa que trapichean con droga y, ahora, tribus de estafadores.

Canal + estrenó The Riches. Una familia gitana, los Malloy, que sobrevive con chanchullos de poca monta. No cumple con las obligaciones de la tribu y le conviene desaparecer. El destino les da una enorme ayudita en la carretera. Tras un accidente de coche, donde muere una pareja, el matrimonio Rich, los Malloy van a suplantarlos. Los Rich estaban de mudanza y serán los Malloy quienes lleguen a su nueva casa.

Todo espectador sensato pensará que es una impostura demasiado gorda para poder sostenerla mucho tiempo sin que los pesque la policía. Pero en Estados Unidos ya han hecho dos temporadas y preparan la tercera. Él, simulando ser un abogado. Ella, una judía respetuosa con las tradiciones. Los hijos, acudiendo a colegios de pago. El truco está en que The Riches es una fábula sobre los otros y las previsibles dificultades de acomodo que van a tener los Malloy en este mundo ajeno. Lo dice con otras palabras el padre, cuando convence al resto de la tropa para vivir como los Rich. Cansados de ir en caravana, de la cárcel, de sobrevivir, se proponen un singular delito: "vamos a robar el sueño americano". El primer capítulo presentó a la tribu y sus titubeos para instalarse. Es fácil adivinar que serán unos perplejos observadores de un adinerado, variopinto y, en algunos casos, horripilante vecindario.

Del primer día, a recordar el buen trabajo de actores como Eddie Izzard o Minnie Driver que deberán sostener unos personajes que interpretan, a su vez, a otros e intentan construir un hogar que no es el suyo. Las miserias del sueño americano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de julio de 2008