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COLUMNA

Aguirre narcotiza a Lamela

Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica, me envía en Cartago, el miércoles pasado, una señal manriqueña de que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha destituido a Lamela, ese genio que evidenció su ínfima categoría política, jurídica y moral en el tristemente célebre episodio de las satanizadas sedaciones del hospital de Leganés, pero soy insensible al mensaje de la Virgen y no logro enterarme de esta destitución hasta que al día siguiente leo la noticia en los periódicos. Siempre han cantado los santos las gracias a que nos reportan las buenas compañías y, en aquella mañana costarricense del miércoles, tres horas antes del triunfo de Alemania frente a Turquía, tuve una prueba irrefutable de hasta qué punto eso es cierto.

La Puerta del Sol dio un gran impulso a la ciudadanía cartaginesa y al turismo

Me propone una buena compañía, el escritor y director de Ámbito Cultural de El Corte Inglés Ramón Pernas, visitar con él en Cartago la catedral, basílica o parroquia -ando flojillo en nomenclatura eclesiástica- de Nuestra Señora de los Ángeles y me encuentro ante la estatuilla de La Negrita, que es como los costarricenses llaman familiarmente a esta Virgen. A la salida de la basílica -por fin me entero de que se trata de una basílica leyendo la espléndida guía Costa Rica, publicada por El País / Aguilar- leo en un muro la historia del milagro de la aparición de la Virgen un 2 de agosto de 1635 y quedo fascinado de las maravillas que allí ocurrieron. Mientras leo en el muro la historia del milagro que le acaeció a la indígena Juana Pereira me cruzan por el cerebro imágenes de la impresionante conversión de nuestro Caballero de Gracia, honrado en Madrid con una iglesia y una calle homónimas, y que la víspera me había contado en el hotel Moncho Alpuente. Juana Pereira recogía leña junto a un arroyo de Cartago cuando, en una roca, divisó una estatua de la Virgen, que acogió con unción en sus manos y se la llevó a casa. La buscó en casa al día siguiente y la estatua no aparecía por ninguna parte. La Virgen había escapado de aquella casa y volvió a la roca donde se había aparecido por primera vez. Cuantas veces la niña llevaba la estatua a casa, la Virgen se escapaba por la noche y volvía a la roca. La encerraban a la estatua en una caja con llave, incluso el párroco encerró la imagen bajo cuatro llaves en el sagrario, pero la Virgen siempre se fugaba y volvía a la roca. En Cartago la gente se hizo muy devota de Nuestra Señora y, con el tiempo, le fue erigida a la Virgen una ermita en el sitio de la aparición. Hoy Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica, hace milagros a todas horas.

Me impresionó mucho este milagro de la tenacidad de la Virgen a la hora de fugarse, cuando la encerraban, de incluso el sagrario. Salí a la calle, eché una miradita a mi derecha y no me lo podía creer: estaba viendo a 50 metros de mí la mismísima Puerta del Sol. ¿Estaba alucinando como quizá alucinan los enfermos terminales cuando los médicos les administran unas piadosas sustancias en los hospitales de la Comunidad de Madrid a los que ha llegado la civilización de la muerte digna sin criminales encarnizamientos cristianos? ¿O estaba alucinando como Manuel Lamela cuando hacía, en las fechas del caso Leganés, aquellas demenciales declaraciones que fueron un atentado permanente contra el respeto a los tribunales? ¿O quizá yo había entrado en éxtasis como la mulata Juana Pereira? Urgía aclarar aquella visión madrileña que acababa de tener en la puerta de la basílica y avancé 50 metros hacia la derecha. Aunque tenía mis dudas -¿me estaba haciendo un milagrito Nuestra Señora de los Ángeles para quizá animarme a visitar, a la vuelta del viaje, la catedral de la Almudena, otra Virgen también muy milagrosa- avancé unos metros y leí con unción aquel letrero: "La Puerta del Sol. Bar y restaurante". Me traigo una carta como recuerdo y leo que El bar y restaurante La Puerta del Sol de Cartago, SA, abrió sus puertas el 15 de agosto de 1957 por iniciativa de su fundador Edgar Mora Monge. Este edificio fue construido en 1921 por sus antepasados. Las estructuras de la pulpería inicial se han conservado hasta la fecha en un intento de rescatar las tradiciones costarricenses y la armonía arquitectónica del medio. Cuenta con amplios salones y ventanales desde donde se puede admirar la basílica de Nuestra Señora de los Ángeles. La Puerta del Sol dio un gran impulso a la ciudadanía cartaginesa, al turismo nacional e internacional. Me dice Ramón Pernas que, al fondo de la barra del bar, un cliente les está recitando a unos colegas las Coplas a la muerte de mi padre, de Jorge Manrique. Distraído como estaba con una fotografía de la pulpería, tipo comisariato, La Puerta del Sol, fundada por Tadeo Mora Granados en 1921, no percibí en el recitado de las Coplas letales de Manrique que el siniestro inquisidor Manuel Lamela acababa de ser destituido por Esperanza Aguirre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de junio de 2008